Estrella miró a Marcelo, sin responder directamente.
—Estrella —la llamó Marcelo.
Estrella lo ignoró y simplemente se alejó.
Aunque el día estaba soleado y despejado, para Estrella parecía cubierto de nubarrones.
¡En el campo de tiro!
Practicó toda la mañana. Hoy lo hizo excepcionalmente bien; hasta Olivia le comentó que había mejorado muchísimo.
Ante los halagos, Estrella no dijo nada.
Fue así hasta el mediodía.
Cuando se detuvo, llamó a Malcolm:
—¿Ya le mandaste el paquete a Marcelo?
—Tal como ordenó, ya se entregó.
—¿Te aseguraste de preparar bien lo de adentro?
—No se preocupe, todo quedó listo —aseguró Malcolm.
Estrella asintió con un «ajá» y esbozó una ligera sonrisa.
Quería pedirle que le entregara a Mónica, ¡qué atrevimiento! Pues con mandarle una urna bastaba...
***
Por su parte, Marcelo...
No podía creerlo cuando recibió la urna con las cenizas.
Estrella siempre parecía muy dulce y tranquila, pero lo que acababa de hacer era una completa locura.
De inmediato la llamó al celular.
Estrella contestó:
—Ya te la devolví, así que no me la vuelvas a pedir.
Su tono estaba cargado de burla.
Incluso a través de la línea, Marcelo podía imaginarse perfectamente la expresión de su rostro, usualmente tierno.
Ella, de verdad, era demasiado...
—¿Me estás mintiendo, verdad? —preguntó Marcelo con voz helada.
¡Le había mandado una maldita urna con cenizas!
Se negaba a creer que Estrella realmente hubiera matado a Mónica.
—Me creas o no, con unas pruebas de laboratorio a las cenizas sabrás si es ella, ¿no?
¡La verdad es que no tenía idea si eso se podía!
Pero le había pedido a Malcolm que metiera algunas muestras biológicas de Mónica adentro, así que si hacían pruebas, los resultados darían positivo.
La respiración de Marcelo se volvió pesada al otro lado de la línea:
—¡Ve a confirmar esto!
Escupió la orden entre dientes.
Era obvio que Marcelo seguía sin creer que Estrella fuera capaz de algo así.
Pero las pruebas estaban ahí, frente a sus narices, como obligándolo a aceptar la realidad.
En cualquier otro asunto...
¡Quizás ella no sería tan despiadada!
Pero Mónica ya le había colmado la paciencia hace mucho. Al haber caído en sus manos, lo más probable es que estuviera muerta.
Eduardo asintió:
—Entendido.
Tenía que apresurarse a comprobar si realmente se trataba de Mónica.
En ese instante, Eduardo también sintió lo aterradora que podía ser Estrella.
No, no era la primera vez; ya lo había notado cuando ella se fue contra la familia Echeverría.
Parecía un ángel, pero en el fondo tenía un carácter implacable.
Esa crueldad salía a flote, sobre todo, cuando se trataba de los Echeverría y de Mónica.
¡Y esta vez, le tocaba lidiar con Marcelo!
El hecho de que no hubiera arremetido contra él directamente ya era un trato bastante suave de su parte...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...