Capítulo 34
Sin esperar a que él reaccionara y se enojara, me di la vuelta.
Ya no iba a obtener el premio, solo podía irme.
Corrí fuera del hotel, y cuando el viento de la noche sopló sobre mi piel, todo mi cuerpo se enfrió, por dentro y por fuera.
Me crucé de brazos, tratando de calmar la amargura que sentía en el pecho.
Alan no tardó en alcanzarme. Me tomó del brazo y, con una sonrisa despreocupada, dijo:
-Ven, Aurora, no te vayas, hablemos con calma.
Aparté su mano bruscamente y lo miré, molesta:
-Mateo lo llamó porque tú le dijiste, ¿cierto?
Mateo estaba en Ambarada por trabajo. Si no fuera porque tú le contaste que yo participaría en este concurso de baile, ¿cómo habría aparecido aquí de repente? De hecho, cuando empezaste a preguntarme si iba a contarle a Mateo sobre este evento, debí haber sospechado que lo llamarías. Pero, una vez más, fui
demasiado ingenua y esperé demasiado de ti.
Por supuesto, personas como ustedes, con dinero y sin preocupaciones, que se divierten viendo sufrir a los demás, nunca harían algo bueno por nadie.
Alan sonrió de forma despreocupada, sin negar nada.
Me reí amargamente:
-¿La pasaron bien burlándose de mí?
- Dale, Aurora, įno te lo tomes así! Yo tampoco pensé que las cosas saldrían de esta forma.
Además, solo son trecientos mil, si le pides directamente a él...
- ¡Vete por ahí! -lo interrumpí, molesta.
-Las personas como ustedes, niños ricos sin oficio, no entienden absolutamente nada.
Alan, algo molesto, respondió:
- ¿Y quién dijo que no entiendo? ¡Sé muchas cosas!
No tenía intención de seguir escuchándolo, así que rápidamente me subí a un taxi que pasaba.
Mientras pensaba en cómo Mateo votó a
propósito por la número 27 y me hizo perder esa plata, mi corazón se llenó de tristeza.
Sé que fui injusta con él en el pasado, y también sé que me equivoqué.
Todo este tiempo, he dejado que me humille, ¿eso no es suficiente?
Di todo de mí en ese concurso solo para conseguir ese dinero, pero él insistió en arrebatarme mi única oportunidad.
Cuanto más lo pensaba, más angustiada me sentía.
Volteé la cabeza hacia la ventana, mirando el paisaje borroso a través de mis ojos llenos de lágrimas.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)