¿Así que Mateo se enteró de que anoche Waylon me había secuestrado?
Entonces… ¿qué piensa hacer?
Me abracé las rodillas, hecha bolita en la cama, sin decir nada.
Mateo apretaba el puño más y más, como a punto de explotar.
De repente, me agarró fuerte y me gritó:
—¡Te pregunté qué te hizo!
—Nada, no me hizo nada.
Lo de anoche ya pasó. No tenía sentido contarlo y poner en riesgo el trato.
Además, Waylon y yo ya habíamos acordado algo: lo de ayer no se volvía a hablar y todo seguía igual.
La cara de Mateo daba miedo:
—Si no te hizo nada, ¿por qué estabas bañada en licor? ¿Por qué llegaste hecha un desastre? ¿Por qué volviste sin zapatos?
Me apretaba los hombros con tanta fuerza que se le marcaban las venas de la rabia.
Habló entre dientes, molesto:
—¡Lo voy a matar! Si ese tipo te puso una mano encima, ¡lo mato!
Apenas terminó, me soltó y salió disparado a la puerta, echando chispas.
Me dio una desesperación tremenda. Le grité:
—¡Él no me hizo nada! Al final, todo fue culpa tuya. Si no me hubieras mandado a comprarle medicina a Camila, yo nunca me habría cruzado con él ni habría caminado descalza por la calle así. Si de verdad me hubiera pasado algo, si me hubiera muerto de frío, ¡también sería tu culpa! ¿Y ahora? ¿Por qué quieres hacer un show? ¿No fuiste tú quien empezó todo esto?
Mateo se quedó quieto.
Se quedó ahí parado, como estatua, sin moverse. Después de un rato, siguió su camino sin decir ni una palabra.
Abrió la puerta, la cerró, y se fue.
Quizá fue a buscar a Alan para hablar de negocios. O se fue con Camila. O tal vez… fue a buscar a Waylon para vengarse.
¿Quién sabe?
La verdad, ya ni me importaba.
La cabeza me latía del dolor.
Me metí bajo las sábanas y me quedé dormida otra vez.
Cuando desperté, fue por unos golpes fuertes en la puerta.
Me quedé viendo el techo, sin entender nada.
Estaba empapada en sudor. Hasta las sábanas estaban mojadas.
Alan estaba desesperado. Me tomó la mano y quiso jalarme fuera.
Me agarré al marco de la puerta y le dije, con miedo:
—Espera… déjame cambiarme primero.
No sé cómo logré volver al cuarto. Mi mente daba vueltas y vueltas.
¿Mateo de verdad fue a buscar a Waylon para vengarse?
Pero Zuheral es territorio de Waylon. Solo viendo la cara golpeada de Alan ya podía imaginarme que todo salió mal.
Mateo, que siempre era tan calculador… ¿cómo no vio el peligro esta vez?
Mientras pensaba, escuché la voz de Alan apurándome:
—¡Apúrate, Aurora! Si no vamos ya, el cabrón de Waylon va a matar a Mateo.
El corazón se me encogió. No me atreví a perder tiempo. Busqué ropa y me la puse a la carrera.
Cuando salí del cuarto, Alan solo me agarró y me llevó para afuera.
Todo mi cuerpo estaba débil, casi me caigo varias veces.
Apenas cruzamos la puerta, Camila vino corriendo hacia nosotros.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)