Escuchar a Valerie decir eso me llenó de una tristeza amarga.
Había puesto todas mis esperanzas en ella, pero lo que Mateo me dijo hace un rato fue como un balde de agua helada.
Sí… aunque Valerie, o incluso todo el mundo, supieran que me tiene encerrada… ¿de qué sirve?
Con el poder que tiene ahora, ¿quién podría sacarme de aquí?
Siendo así, ¿para qué arriesgar a la gente que me quiere?
En ese momento, me arrepentí de haber venido.
Miré a Valerie y le hablé en serio:
—No te precipites. Tampoco le digas nada a mi hermano todavía.
—¿Por qué no? —preguntó con ansiedad—. Tengo que avisarle para que piense cómo ayudarte.
—No serviría de nada —negué con la cabeza—. Yo también pensé así al principio, pero Mateo es demasiado astuto. Debe tenerme vigilada por todas partes. Es mejor no arriesgarse, ni poner a nadie en peligro. Además, tú ya sabes cómo está mi familia… No pueden enfrentarse a Mateo. Sería peor para todos.
—¿Entonces qué hacemos? —Valerie suspiró, frustrada.
Pero de pronto, los ojos le brillaron:
—¿Y si le pedimos ayuda a Javier o a Michael? Seguro que entre los dos pueden hacer algo para sacarte.
Le dije rápido:
—No. Ahora es justo el peor momento, antes del estreno. Han trabajado años en esa película, lo han dado todo. No quiero que lo arriesguen por mí ni deberles nada. Además, no es que Mateo me haga daño. Solo estoy encerrada… sí, me aburro, pero no es tan grave.
—Pero a ti no te gusta aburrirte —Valerie me miró con lástima—. Y tu barriga… va a seguir creciendo. ¿Qué vas a hacer cuando ya no puedas ocultarlo?
Miré mi abdomen, que ya comenzaba a notarse.
Solo pensar que Mateo pudiera quitarme a mi bebé me hacía estremecer.
Me tapé la frente con una mano. No tenía ni idea de qué hacer.

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