Con una sonrisa enferma y una mirada de completa locura, Michael le dijo a Mateo:
—Todos dicen que eres muy listo, pero mírate... ¿te das cuenta de lo tonto que eres en realidad? ¿De verdad creíste que iba a soltarla? ¡Jajajajaja!
Yo miraba fijo a Mateo.
Él no podía no haberlo previsto. Sabía perfectamente que era una trampa, que Michael jamás me dejaría ir así de fácil. ¿Entonces por qué vino solo?
Esa impulsividad no parecía propia de él.
Mateo se veía tranquilo, y dijo con una voz muy serena:
—¿Qué es lo que quieres?
—¿Que qué quiero? ¡Jajajaja...! —Michael volvió a reír como un demente, los ojos brillándole de emoción.
—Increíble, de verdad... el orgulloso Mateo, ¡por fin caes en mis manos! Hoy haré contigo lo que me dé la gana. ¡Jajajaja!
Nuestras miradas se cruzaron. La suya, llena de tensión. Mi corazón, a mil por hora.
De pronto, Michael presionó con fuerza el cuchillo contra mi cuello.
Sentí una punzada aguda, y que empezaba a sangrar.
Mateo dio un paso adelante, su expresión se volvió amenazante, y con una voz amenazante dijo:
—¡Michael!
—¿Estás tan nervioso? ¿Quieres que lo repita? —se burló él, con su sonrisa de loco.
Y sin darme tiempo a reaccionar, me hizo otro corte en la cara. Fue tan rápido que no sentí el dolor hasta que la sangre empezó a salirme.
Mateo apretó los puños con fuerza, su cara era la definición de furia.
Dijo lentamente, con un tono que te dejaba paralizado:
—Habla. ¿Qué demonios quieres?
Michael puso una mano sobre mi hombro, jugando con el cuchillo manchado de sangre. Luego, con una sonrisa cruel, cijo:
—¿Qué quiero? Mmm... déjame pensarlo bien...
Mateo no dejaba de mirarme. A pesar de todo el odio en su mirada, había algo de preocupación, muy escondida.
¿Entonces sí le importaba? ¿Estaba nervioso por mí?

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