—Escuché que a Camila también la mordió una serpiente, ¿fuiste tú...?
Le sonreí con picardía:
—Eres muy lista.
Valerie se quedó sin aliento y, entre sorprendida y molesta, dijo:
—¡Eso fue muy peligroso! ¿Cómo se te ocurre atrapar una serpiente venenosa? ¿Y si te picaba a ti? Fue una locura, no vuelvas a hacer algo así.
Le di unas palmaditas en la mano para calmarla y sonreí:
—No te preocupes, fui con alguien que cría serpientes y compré una. Ya la había adormecido, era seguro.
—Entonces… ¿no van a poder descubrir que fuiste tú?
Le di un golpecito juguetón en la cabeza:
—Qué tontita. Aunque Camila esté segura de que yo puse la serpiente, no se va a atrever a investigar. Si insiste en denunciar y se mete la policía, también va a salir a la luz que ella fue la que puso una serpiente en tu casillero. No es tan estúpida como para echarse la soga al cuello. Así que no le queda de otra más que aguantarse.
Valerie asintió cuando terminé de hablar:
—Pues, pensándolo bien, tienes razón.
Después de una pausa, me dijo:
—¿Sabías que a Camila también la internaron en este hospital?
No me sorprendió, al final de cuentas es el que está más cerca del set.
Valerie siguió:
—La vi cuando la trajeron ayer. Tenía la cara morada y los labios azules, se veía tan mal que parecía muerta. Carlos estaba desesperado, la traía cargando y buscaba doctores por todas partes.
—¿Y qué? ¿Se murió o no? —pregunté con seriedad.
Valerie negó:
—No sé. Estaba pensando que a lo mejor deberíamos ir a verla más tarde.
—De acuerdo. —la miré de arriba abajo para asegurarme de que se veía bien y sonreí.
—¿Por qué no vamos ahora?
—¡Sí! —al escucharme, Valerie saltó de la cama con entusiasmo.

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