Entrar Via

Obligada A Ser Su Amante romance Capítulo 102

La vida de oficina no era lo suyo. Odiaba todo lo que tenía que ver con balances, reuniones interminables e imbéciles encorbatados que querían que le rindiera cuentas de todo.

Nunca había sido bueno recibiendo órdenes.

Nunca había sido bueno tratando con idiotas.

—El informe llega quince minutos tarde —gruñó a la mujer que temblaba como una hoja al viento con la carpeta en la mano—. Mi padre tolerará tu ineptitud, pero yo no. ¡Largo de mi oficina!

—Señor, déjeme explicarle…

—¡Fuera!

No tardó mucho en desaparecer por la puerta, con sus lágrimas manchando el lustroso piso.

Su padre llegó poco después, cojeando con un bastón en la mano; parecía que hubiera envejecido más de diez años en tan pocos meses. Sin duda, esos eran parte de los estragos que causaba la quimioterapia en una persona.

—Basta de atemorizar al personal —reprendió al segundo, como si fuera un niño—. Si sigues así, en menos de un mes ya no quedará nadie trabajando para nosotros.

—Pues mejor así, padre —se encogió de hombros—. ¿Para qué pagar tanta nómina si al final no cumplen con lo que se les ordena?

—Debes aprender a ser más tolerante —comenzó con la misma retahíla de siempre—. No puedes simplemente ir por el mundo haciendo rodar cabezas.

—Puedo y lo haré, siempre y cuando me permita obtener lo que quiero.

—No todo funciona así, lo sabes —jaló la silla frente a su escritorio y se sentó con un gesto de cansancio.

—No deberías estar aquí.

Su padre se estaba enfrentando a un cáncer de páncreas muy agresivo, así que no debería estar en ese lugar.

—Tienes razón, no debería —concordó con él en algo, por fin—. Pero tengo que hacerlo siempre y cuando sigas comportándote de esta forma.

—¿Quién fue esta vez? ¿Quién te llamó? —Era obvio que alguien ya había ido con el chisme de que era un dictador.

—¿Quién no me llamó?, querrás decir.

Bufó.

—No puedo garantizarte que las llamadas con quejas no seguirán llegando. Sabes bien que odio estar aquí.

—Eres mi hijo y este fue tu lugar desde el principio —le dijo, como si su destino hubiera estado escrito desde que nació.

—No, nunca lo fue —odiaba que quisieran dictar su vida. Lo que hiciera o dejara de hacer con ella era solo su asunto. De nadie más.

—Eso no cambia que seas el único que pueda reemplazarme, Alejandro.

—Debiste tener más hijos.

—Pero solo te tengo a ti y eso ya no puedo cambiarlo.

Entrecerró los ojos notando que su padre tenía las manos ocultas debajo de la mesa; de pronto, una idea fugaz pasó por su mente.

—Déjame ver tus manos —pidió.

—¿Para qué? Están igual de viejas que siempre.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Ser Su Amante