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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 196

Cuando Roque llegó con Ramona, Brenda todavía giró la cabeza para decirle a Sania:

—Sani, ¿esa es la novia de Roque?

Roque solía ser serio y de pocas palabras, pero nadie se perdió cómo se le marcó apenas una sonrisa en la comisura.

Sania se quedó un segundo en blanco y enseguida explicó:

—Abuela, yo creo que no. No saques conclusiones así.

A Sandro se le iluminaron los ojos. ¿Cómo no iba a conocer a su hijo?

Eso era interés, clarito.

Brenda asintió.

—Ah, ah. Yo pensé que era la novia de Roque. Je, je… se ven bien juntos.

Como eran demasiados en el grupo de familiares y amigos, no habían conseguido asientos seguidos, así que Sandro y Brenda quedaron en la tercera fila, en dos asientos juntos al centro.

Evaldo se sentó al lado de Sania, y dejaron un asiento libre entre ellos.

Ramona ni lo pensó y se sentó pegada a Sania. Mientras se acomodaba, dijo:

—Perdón, perdón. Hoy no pensé que se iba a poner tan pesado el tráfico. Menos mal no llegamos tan tarde.

Sania la calmó con voz suave.

—No pasa nada, ni siquiera llegaste tarde. Yo creo que faltan como tres minutos para que empiece.

La gala empezaba a las diez.

Roque se quedó parado un segundo y, como no podía estorbar la vista, terminó sentándose de mala gana junto a su hermano.

Así, entre Roque y Ramona quedaron dos personas de por medio. Para él, eso era lejísimos.

Roque miró de reojo a su hermano, pero Evaldo ni le siguió la corriente.

Evaldo se la pasó consintiendo a Sania.

—Esposa, ¿te cargo la bolsa?

Roque se tapó la boca con la mano y tosió un par de veces.

Evaldo ni lo oyó.

—Esposa, ¿tienes frío? Me quito el saco y te lo pongo en las piernas.

Sania sintió que el hombre de al lado estaba un poco fastidioso y negó con la cabeza.

—No, no hace frío.

Sania, curiosa por el letrero que había hecho Iván, estiró el cuello para mirar. La sonrisa se le congeló en la cara.

[El galán más increíble del universo—¡Iván es el mejor!]

A Sania se le torció la boca.

—Je, je… está muy bien hecho, muy bien hecho.

Y Ramona, que también había prometido echarle porras al niño, miró ese letrero enorme y llamativo, y apretó los labios, agradecida de estar sentada en la orilla.

—Mejor usamos los dos letreritos chiquitos para aplaudir.

Sania asintió al instante.

—Va, tú uno y yo uno. Perfecto.

Cuando repartieron todo, a Evaldo ya no le salía la sonrisa.

Muy pronto, el segundo en salir fue Iván.

De inmediato vio que Ramona tenía en la mano el letrerito que él había hecho, y no pudo esconder la alegría… aunque también le dio pena.

Si Ramona levantaba el grande, sería mejor.

Movió la mirada y vio a Evaldo, a regañadientes, abrazando el letrero grande contra el pecho. Iván le hizo señas con la cara, exageradas, como loco, para que lo levantara.

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