Alexander salió de su cuarto, luego de tomar dos analgésicos, para tratar de soportar el día que sabía que no sería agradable, la cabeza le palpitaba, comenzaba a creer que estaba generando algún tipo de migraña crónica o algo por el estilo, inclusive estuvo tentado a acudir a alguna clínica, pero temía que eso le diera algo más de que hablar a Lucrecia, esa maldita mujer que se las ingeniaba día a día en arruinar su vida.
— Te ves terrible. — fue el saludo de su madre, y Alexander la vio mal.
— Gracias, no me había percatado de ello. — rebatió con sarcasmo, tomando su café cargado. — ¿Dónde está Bautista? — consulto luego de tomar su lugar en la mesa y de inmediato su madre arrojó un periódico sobre el plato en el que esperaba que alguna empleada le sirviera el desayuno.
— Decidió escapar de las verdades como siempre, por lo que se fue antes al colegio. — Alexander fijo sus fríos ojos azules en los de su madre, quien no se amedrento.
— ¿Qué le dijiste? — pregunto con dientes apretados, pero Evelyn solo bufo.
— La verdad, alguien se la debe decir, su madre es una perra que arruinara todo por lo que tus abuelos y padre lucharon por tener. — la cabeza de Alexander punzo, estaba seguro de que le daría un derrame cerebral en cualquier momento, más cuando vio el periódico.
— ¿Qué m****a? — murmuro con los ojos a punto de salirse de su lugar y sin poder creer lo que veía.
— Debo reconocer que es una excelente jugada, si no fuera porque al que está destruyendo eres tú, hasta la aplaudo. — Alexander ignoro cada palabra que salía de los labios de su madre, mientras veía las fotografías que el periódico había publicado en primera plana, el CEO de Lumina Entertainment, besándose con un hombre, bajo el título, “La razón del divorcio del CEO”
— Esto es… ¡un puto montaje! — grito con toda la furia que tenía contenida, mientras arrojaba el periódico a un lado y su cabeza martillaba aún más.
— Al parecer todo el mundo ha olvidado que tu exesposa es una experta en foto montaje, así la conociste ¿verdad? en la misma empresa que ella se está encargando de demoler… — las palabras de su madre no ayudaban y solo le quedo por hacer lo mismo que su hijo había hecho un rato antes, huir.
— Me voy a trabajar. — informo poniéndose de pie, no queria escuchar lo mismo de siempre.
— Huye mientras puedas, pero si no puedes solucionar esto, pediré una junta extraordinaria, tal vez es hora de que tu hermana tome tu lugar. — Alexander giro sobre sus talones y como si fuese un espectro se colocó de cara a su madre.
— No me quitaran del medio, Aria no está preparada…
— Aria no tiene a una loca tras ella buscando su destrucción, ¡¿por qué no solo le das lo que quiere?! — eran dos necios tratando de llegar a un acuerdo, Alexander era la copia en todo sentido de Evelyn, tercos, necios y temperamentales.
— ¡Porque lo que quiere es a mi hijo! ¡tu nieto! Pero veo que eso no te importa.
La culpa llego a Evelyn tan pronto como su hijo azoto la puerta, las ganas de correr tras él y decirle que no quiso decir aquello, se disiparon en cuanto recordó a su difunto esposo, y como siempre le advirtió a Alexander que esa mujer no era buena, pero Alexander como siempre, no escucho a su padre y ahora, no sabían que hacer para deshacer todo aquello.
Mientras el mundo del CEO se sacudía un poco más al encontrar diversos periodistas fuera de la mansión familiar, asechándolo como los buitres que eran.
— Señor Thompson, ¿su homosexualidad es la razón por la que no se casó por iglesia con su ahora exesposa Lucrecia Morty?
— No soy homosexual. — aseguro con dientes apretados, pero aun así manteniendo la vista al frente, asegurándose de no atropellar a ninguno de esos periodistas, lo que menos necesitaba era un problema más con el que cargar, ya de por sí, se arrepentía de no llevar las ventanillas en alto, pero es que esa idea le resultaba ridícula, él era el CEO de una gran industria, no podía ocultarse como si fuese un criminal.
— Señor Thompson ¿es verdad que su hijo fue concebido por una inseminación ya que usted no soporta a las mujeres?
— Eso es ridículo, por favor, hagan espacio puedo atropellar a alguien. — nadie podía negar que el gran CEO de Lumina Entertainment, podía mantener la calma aun en situaciones extremas, aunque lo que más deseaba en ese momento era arrollar a cada periodista que estuviera frente a él.
— ¿Es eso un amenaza señor Thompson? — era inútil y lo sabía, cada cosa que dijera seria transgiversada para hacerlo ver mal.


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