Capítulo 104
Después del desayuno con su abuela, Chloe salió de la mansión Borges para encontrarse con Dante, quien acababa de llegar. Suspiró y caminó hacia él, recordando el mensaje que había recibido del extorsionador en el comedor.
Chloe se detuvo a unos pasos de él. El extorsionador le había enviado una fotografía de ella entrando a la mansión Borges, por lo que debía estar siguiéndola; y a pesar de no tener el mismo estatus que los Montenegro, su familia tenía su residencia en una de las zonas más acaudaladas y, supuestamente, seguras. Con su mirada empezó a rodear todo el lugar, buscando algún extraño merodeando, sin tener éxito.
Dante, parado frente a su coche con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, la observaba con intensidad. Aquel vestido que había elegido para visitar a Camila Borges se acentuaba peligrosamente a sus curvas, remarcando sus enormes tetas.
- ¿Qué buscas? - preguntó Dante, clavando sus ojos azules en los almendrados de ella.
Chloe negó ante su pregunta y acortó la distancia, quedando a un solo paso de él.
- ¿Hay alguna reunión importante? - preguntó ella.
- No. Tengo mi agenda libre - Respondió Dante- ¿Qué quieres hacer?
Chloe arqueó las cejas con sorpresa ante la pregunta de Dante. Él se hizo a un lado, abrió la puerta trasera del coche y le cedió el paso para que entrara primero. Ella, aún sin entender del todo lo que sucedía, entró al vehículo, sintiendo de pronto un apretón posesivo en una de sus nalgas que la hizo respingar. Dante entró justo detrás de ella.
- Te hice una pregunta, Chioe- Dijo Dante.
Colocó una mano firme sobre uno de sus muslos y empezó a levantar lentamente el vestido.
- Para mi conquistar a una mujer, es ofrecerle dinero y cogérmela - Dijo Dante en un bajo susurro.
Chloe cerró los ojos al mismo tiempo que soltó un suspiro cargado de frustración y negó ante las palabras de su esposo. Era un cínico.
-Responde, Chloe. O elegiré un hotel - siseó Dante, mientras su mano, ya por debajo de la tela de su vestido, subía sin vacilación hacia su entrepierna.
- ¡Al mar! - dijo ella de inmediato, justo cuando el chofer ocupaba su lugar en el asiento del piloto.
- ¿El mar? - Dante detuvo el movimiento de su mano y la miró con el ceño fruncido, - Sí, hace mucho que no voy... - respondió Chloe con una sonrisa nerviosa-¿No quieres?
Chloe miró de reojo al chofer, quien mantenía la vista fija al frente, inmóvil como una estatua, esperando la orden final de su jefe para arrancar.
- ¿Acaso no quieres ver mis tetas y nalgas en bikini? - susurró con voz seductora, para después deslizar lentamente la punta de su lengua por el lóbulo de su oreja.
Dante se tensó ante su acción. Solo pensar en el cuerpo que tanto lo estaba volviendo loco cubierto con apenas unos hilos de tela fue suficiente para que accediera.
- Al puerto privado - ordenó Dante.
Chloe se apartó un poco y lo miró confundida; la idea de mar que elia tenía en mente parecía muy diferente a la de Dante.
- Te llevaré al mar... a mi manera - dijo Dante guiñándole un ojo mientras se acomodaba en el asiento y se abrochaba el cinturón. - El cinturón, señora Montenegro.
Chloe se abrochó el cinturón mientras pensaba en el mensaje del extorsionador. Aunque la primera misión para destruir a Dante Montenegro parecía sencilla, le incomodaba seguir órdenes de un desconocido. Sin embargo, decidió ignorar el asunto por hoy; la idea de que Dante quisiera "conquistarla" era distracción suficiente. Su plan era buscar mañana en la villa Montenegro a Aleksei Volkov, su única esperanza para enfrentar al extorsionador sin levantar sospechas, ya que él sabía que ella era Gala.
Al llegar al puerto, el chofer le abrió la puerta a Chloe. Dante se colocó a su lado sin dejar de mirar al frente.
"Tu manera" no es totalmente lo que esperaba - murmuró Chloe, mirando con sorpresa el enorme y lujoso yate privado que tenían enfrente.
Dante soltó una media sonrisa. No permitiría que nadie más viera el cuerpo de su esposa en bikini; la quería solo para él, deseando disfrutar de esa intimidad sin llegar necesariamente a cogérsela.
Él dio un paso al frente y se detuvo. Al girarse, le extendió la mano para ayudarla a subir al yate.

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