Capítulo 199 Chloe caminó hacia Dante. Mientras lo hacía, desamarró el nudo de la bata y la dejó caer un poco, mostrando su cuerpo desnudo sin ninguna timidez. Lo miró directo a los ojos, con una frialdad que él no esperaba.
- Eso quedó en el pasado, Dante - soltó ella- Solís y Arango se quedarán con las ganas de cogerse a tu esposa, porque yo no soy ninguna puta barata de intercambio. ¿Quedó claro?
Se detuvo a un paso de él, sosteniéndole la mirada con una sonrisa de suficiencia.
- Ahora, debo compensarte por dejar a ese imbécil en la calle - susurró. Tomó la mano de Dante y la llevó directamente a su entrepierna para que sintiera lo mojada que estaba.
Dante no dejaba de verla con asombro. No era la reacción que esperaba. Pensó que lo cuestionaría o sentiría asco por su pasado, por la forma en que usó a esas mujeres, pero Chloe estaba imperturbable. No había reproches ni juicios, solo el deseo directo de coger en ese momento, reduciendo esa parte de su pasado a nada.
- Me sorprendes, Chloe - susurró Dante, hundiendo los dedos con fuerza y sacándole un gemido.
Ella echó la cabeza hacia atrás y dejó que la bata resbalara al suelo. Dante intentó acostarla, pero ella lo empujó contra el colchón hasta dejarlo boca arriba. Se montó a horcajadas sobre él sin que los dedos de Dante salieran de su interior.
- No, es mi turno de cogerte - soltó ella con una sonrisa de suficiencia.
Dante, que siempre llevaba el mando, se quedó inmóvil, dejándose llevar por el hambre de su esposa. Chioe lo besó y luego bajó por su barbilla hasta el cuello, succionando la piel con lentitud hasta dejar marcas rojas.
Ella continuó con sus besos y marcas, bajando por su torso definido. Dante dejó de mover los dedos en su interior y cerró los ojos, disfrutando de cómo ella marcaba su piel. Nunca antes había permitido que una mujer tomara el control de esa manera, pero con Chloe las reglas eran otras; dejarle el mando no se sentía como una debilidad.
Chloe se detuvo sobre su abdomen, observando el rastro de humedad que había dejado en su piel, antes de clavar la vista en los ojos entreabiertos de él.
- Quiero... - dijo ella, mordiéndose el labio inferiorQue seas solo mío, Dante.
La confesión lo sacudió. Ser de alguien era una idea que iba en contra de todo lo que él era, pero el concepto le fascinaba.
- Puedes hacer lo que quieras conmigo, Chloe, te doy permiso. - Dijo él con una leve sonrisa.
Chioe soltó una risa silenciosa. Sentía el calor en las mejillas, pero esas palabras le daban la esperanza de que Dante fuera finalmente suyo.
Sacó el miembro de él, ya duro y enorme, de sus pantalones. Quería que ese miembro venoso fuera exclusivo para ella; que no reaccionara ante ninguna otra mujer. Sabía que era un pensamiento obsesivo, pero así se había vuelto desde que empezaron a coger tras cuatro años de abandono.
Abrió la boca y lo tomó de un solo golpe, hundiéndose hasta que su garganta se cerró en torno a él. Dante gruño, arqueando su espalda.
Empezó a succionar constante, usando la lengua para recorrer las venas que sobresalian en el tronco de su duro miembro. Dante se estremecía con cada lengüetazo y succión de ella, tragaba cada centímetro, disfrutando ver al CEO más poderoso totalmente vulnerable ante su lengua.
Carajo, Chloe... harás que me corra -gruñó Dante, con los músculos del abdomen contraídos por la tensión.
Chloe sacó el miembro de su boca y se limitó a succionar la punta con lentitud, manteniendo los ojos fijos en los de él. Disfrutaba de verlo así, desarmado y a su merced.
- Me encantas, amor... - soltó Dante sin pensar, con la voz rota.
Chloe se quedó helada un segundo. Era la primera vez que escuchaba esa palabra salir de su boca.
La sorpresa le aceleró el corazón, pero en lugar de detenerse, respondió con una succión profunda.
Lo metió por completo en su boca, hundiéndolo hasta el fondo de su garganta.

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