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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 112

—Papá, mi mamá sigue trabajando y yo ya tengo sueño, me quiero dormir —dijo Iria mientras se acostaba. Luca se apresuró a cobijarla bien.

—¡Papá, ráscame la espalda! —murmuró Iria, dándose la vuelta de inmediato.

Iria tenía la maña de pedir que le rascaran la espalda para poder dormir. Era su forma de agarrar el sueño; bastaban uno o dos minutos para que cayera rendida.

Luca le rascó distraídamente la espalda un par de minutos, hasta que escuchó la respiración pausada de la pequeña.

La habitación quedó en total silencio.

Luca se quedó boca arriba, con las manos detrás de la cabeza, mirando el techo. De pronto, se le había ido el sueño.

Terminó levantándose con cuidado, bajó a la planta baja y se acercó a la cantina.

Justo cuando se estaba sirviendo un trago, le llegó un mensaje de Denisa: [Luca, ¿ya se durmió Irita?]

Luca le respondió: [Sí, apenas se acaba de dormir.]

[Qué bueno, nomás preguntaba. ¿Tú qué haces?] —Añadió Denisa, y acto seguido, le mandó una foto de un ultrasonido antiguo—. [De casualidad encontré los papeles de mi aborto. Hoy una chica de la oficina perdió a su bebé y me puse súper nerviosa.]

Luca apenas miró la foto y le contestó tratando de reconfortarla: [Denisa, eso ya es pasado. No le des tantas vueltas.]

Denisa mandó una foto de una copa de alcohol y un texto melancólico: [Me habría encantado tener a ese bebé... Qué pena que la vida no me dio la oportunidad.]

Luca se empinó el vaso de un trago y escribió: [No tomes tanto, ya vete a dormir.]

[Sí. Perdón por contagiarte esta mala vibra] —se disculpó Denisa.

Luca sonrió levemente y tecleó: [Puedo ser tu paño de lágrimas. Si algo te angustia, aquí estoy para escucharte. Pero ahora, a dormir.]

[¡Sale! ¡Buenas noches!] —Denisa le mandó un sticker y ya no hubo más mensajes.

Al día siguiente, Darío y su equipo se presentaron a las negociaciones oficiales con los clientes.

La negociación avanzaba bien, hasta que ambas partes se atoraron en la tarifa de transferencia tecnológica.

En medio del acalorado debate, un vicepresidente mayor del lado contrario se le quedó viendo a Natalia y soltó:

—Nos pintan a esta muchachita como si fuera un genio, pero a mí se me hace que nada más la están inflando para cobrarnos carísimo. La verdad, dudo que alguien tan joven sea dueña de tantas patentes.

Natalia se quedó helada. No esperaba que pusieran en duda sus credenciales.

Estaba a punto de defenderse cuando Darío dejó su pluma en la mesa. Se inclinó hacia adelante con una sonrisa fría:

—Domingo, las decisiones técnicas de Gennova Solutions recaen en la doctora Ortega y en mí. Si tiene alguna duda, le puedo pedir a ella que le explique ahora mismo, punto por punto, las siete patentes principales.

Luego, Darío atacó justo en el ego del vicepresidente:

—Y si eso se le hace muy complicado, con gusto le marco al presidente de su compañía para que nos mande a alguien con más conocimientos técnicos.

La agresiva defensa de Darío sumió la sala de juntas en un silencio tenso durante unos segundos.

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