Luego bajó la mirada hacia Denisa, que seguía aferrada a su brazo, y, lógicamente, la balanza de su corazón se inclinó a su favor.
Natalia decidió no cenar en la casa principal. En cambio, llevó a su pequeña Iria a comer con su amiga Nora Guzmán.
Se vieron en un restaurante italiano y pidieron una mesa reservada en una zona rodeada de plantas, que les daba bastante privacidad.
Nora llegó primero. Como buena diseñadora, su atuendo diario era tan impecable que parecía recién salida de una pasarela.
Llevaba un conjunto de lino blanco bastante sencillo, acompañado de unos aretes de argolla enormes que resaltaban su arrolladora personalidad.
Cuando Natalia e Iria se acercaron, Nora no pudo contener la emoción y levantó en brazos a la niña.
—¡Ay, hace días que no te veía y estás todavía más hermosa!
—Tú siempre hueles muy rico. ¡Me encanta! —exclamó Iria, olfateando el aire de forma graciosa—. Mmm, ¡qué rico!
Nora soltó una carcajada y sacó una cajita de su bolso.
—Ten, un regalito porque sí.
Iria lo tomó encantada y le contestó con su tierna vocecita:
—¡Gracias por el regalo, Nora! Pero yo no te traje nada hoy.
—No te preocupes. Que tu mami mejore la fórmula de sus cremas y me regale un par de cajas, con eso estamos a mano —respondió Nora, volteando a ver a Natalia con una sonrisa pícara.
—Claro, dalo por hecho —asintió Natalia.
—¡Wow! ¡Es un estuche de diseño en miniatura! Y tiene una princesa con muchísimos vestidos. ¡Me encanta! —gritó Iria de la emoción, con sus enormes ojos oscuros brillando de felicidad.
Ya entrada la cena, Nora le lanzó una mirada inquisitiva a Natalia para preguntarle cómo iban las cosas. Natalia respondió con una sonrisa cargada de amargura.
Al notar eso, los ojos de Nora se llenaron de empatía. Como los lugares a su alrededor estaban vacíos, Iria se acomodó a un lado para jugar tranquila con su nuevo regalito.
Aprovechando el momento, Nora le preguntó en voz baja:
—¿Luca te está haciendo la vida imposible otra vez? ¿Y todo por su cuñadita viuda? ¿Cuántas estupideces más piensa hacer ese hombre?
Natalia bajó la mirada por unos segundos, bebió un trago de su té y, sin dar muchos rodeos, le contó la situación actual.
—Es el colmo —dijo Nora, totalmente asqueada—. ¿Ya no les bastó con ese jueguito enfermizo entre cuñados y ahora quieren disfrazarlo de otra cosa? ¿A Luca le afectó tanto el alcohol en el cerebro o es que esa mujer lo tiene completamente embrujado?
Natalia abrió la boca para responder, pero Nora levantó la mano para detenerla.
Nora también se quedó helada al ver a su amiga así. Esa mujer reservada, tierna pero de hierro, por fin se había quebrado. Una lágrima rodó por la mejilla de Natalia, quien se apresuró a secarla rápidamente con una servilleta de papel.
Parecía aterrada de que su hija se diera cuenta.
Nora dejó salir un suspiro pesado. Ciertamente, los hijos eran el punto débil de cualquier madre.
—Está bien, no hay prisa. Llévalo con calma, no se va a acabar el mundo. De cualquier forma, si algún día mandas a volar a la familia Torres, estoy segura de que vas a vivir mucho mejor y serás libre.
En ese instante, Iria regresó corriendo con la muñeca vestida entre sus manos y la levantó como si fuera el mayor tesoro del mundo.
—¡Mamá! ¡Mira mi princesa, Nora! Le puse mi vestido verde favorito.
Natalia se obligó a serenarse y felicitó a la niña por su diseño con una sonrisa. Nora tampoco volvió a sacar el escabroso tema delante de la pequeña.
Tras terminar la cena, Natalia llevó a Iria de vuelta a su casa.
Mientras esperaban en un semáforo rojo, el celular de Natalia vibró con un nuevo mensaje.
Lo levantó para leerlo; era de Luca: [Tengo un compromiso esta noche, no voy a llegar].

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo