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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 123

Luca le repitió de manera honesta las condiciones de Natalia. El rostro de Denisa se congeló al instante.

Luego, todo se tornó en decepción.

Se dejó caer de nuevo en su silla. Pasó un largo rato antes de que levantara la vista hacia Luca.

—Nati sí que sabe aprovechar la ventaja. Si hace eso, mi autoridad en la empresa se va a ir por los suelos... Pero no importa, lo entiendo. El talento de Nati es innegable y de verdad necesitamos su ayuda.

Al ver lo comprensiva que se mostraba Denisa, Luca asintió.

—El proyecto está atorado en su área técnica. No hay otra opción, tenemos que acceder a lo que pide.

—¡Ay! —suspiró Denisa, bajando la mirada con una sonrisa amarga—. Aunque un solo proyecto no sea el fin del mundo, yo me formé bajo el cobijo de la familia Torres. Quería con toda mi alma darle a mi mamá, a la familia Torres y al mundo una prueba de mi capacidad, pero parece que...

Denisa intentó contener sus emociones. Apoyó ambas manos sobre el escritorio y, con la voz un poco entrecortada, murmuró:

—Si tan solo Adrián estuviera vivo... todo sería diferente.

Al verla recargada en el escritorio, tan frágil y con los hombros temblando levemente, Luca sintió un nudo en el pecho y su expresión se llenó de preocupación.

—Denisa, no llores. Aunque Adrián ya no esté, me tienes a mí —se acercó Luca y le dio unas palmaditas suaves en la espalda—. Ánimo. Natalia es muy capaz, pero tú también lo eres. Solo es cuestión de especialidades; el Proyecto Claridad es el punto fuerte de Natalia, esto no tiene nada que ver con que tú seas menos competente.

Parecía que sus palabras habían funcionado. Denisa levantó el rostro lentamente, dejando que una lágrima escurriera por su mejilla en el momento exacto, luciendo como una víctima.

—Dice que quiere la autoría pública, Luca... ¿La gente no pensará que todo lo que he logrado hoy es solo gracias a la ayuda de Nati?

A Luca le partía el alma verla llorar, así que le habló con voz profunda y tranquila para consolarla:

—No pienses de más. Natalia no lo hace para humillarte, es solo que es muy competitiva y le gusta demostrar quién tiene el control.

Denisa asintió y se mordió ligeramente el labio.

—Sí, sé que Nati no tiene malas intenciones. Es solo que me siento mal conmigo misma... no me gusta sentirme tan inútil. Luca, voy a aprender de Nati, voy a estudiar duro para mejorar en lo técnico. Te prometo que en el futuro intentaré no meterte en esta posición de tener que rogarle por mi culpa.

Mientras hablaba, una lágrima resbaló por su mejilla y cayó sobre el escritorio.

En contraste con la actitud fría, estricta y agresiva de Natalia, a Luca le parecía que Denisa necesitaba más protección. Ella demostraba sus emociones de manera humana y sabía cuándo aceptar ayuda.

—No le des importancia a sus caprichos —la consoló él en voz baja.

—Bueno, al menos este asunto ya está resuelto. Sigue con tu trabajo —le dijo Luca antes de darse la vuelta y salir.

Cuando la puerta de la oficina se cerró y volvió el silencio, Denisa levantó la mano y tomó un pañuelo de papel para secarse las lágrimas del rostro sin ninguna prisa. Al final, agarró la pluma de su escritorio y empezó a girarla con destreza entre sus dedos.

[Haz que no tome bebidas frías y cuida lo que come.]

El hombre no volvió a responder.

La cena de cumpleaños de Luca se organizó en el área privada de un exclusivo restaurante con cúpula acristalada. Desde ahí se podía ver toda la ciudad iluminada.

Sus amigos ya habían llegado. Las copas de champán y el pastel se reflejaban en la luz de los candelabros de cristal.

Luca llegó poco después con su hija. Llevaba un traje gris oscuro que resaltaba su elegancia a la perfección, combinado con una camisa de seda negra y un chaleco a juego.

—Papá, si es tu cumpleaños, ¿por qué mi mamá no vino? —Iria le había estado preguntando lo mismo en el trayecto.

Luca le había dicho que le llamara ella misma a Natalia para preguntarle. Iria deseaba que su madre los acompañara, pero al escuchar que seguía trabajando en sus estudios médicos, tuvo que aceptarlo.

Alrededor de las seis y media, Denisa apareció en la entrada del salón.

Se notaba que se había arreglado cuidadosamente. Llevaba un vestido largo color champán, con los hombros al descubierto, luciendo una fina cadena en sus clavículas. Con el cabello recogido de forma natural y un maquillaje muy sutil, destilaba una delicadeza muy femenina. Entró y se movió con la confianza de quien se siente dueña del evento.

Apenas entró, se acercó de manera natural a Luca, tomó la pequeña mano de Iria y saludó a todos los amigos que estaban en las mesas.

—Denisa, ¡qué preciosa te ves hoy! —comentó Miranda Castañeda al sentarse a su lado, admirándola—. De verdad que si yo fuera hombre, me casaría contigo y no dejaría que nadie te viera de lo linda que estás.

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