Cristina extendió la mano para tomarla con suavidad por los dedos.
—Yo te vi crecer, fui yo quien te crio hasta convertirte en toda una mujer, eres mi hija.
—Mamá… —Denisa se arrojó a sus brazos con palabras sinceras—. Eres mi única madre, a la única que reconozco como tal.
Al escuchar esto, Cristina no pudo caber en sí de la felicidad. Asintió de inmediato con los ojos un poco llorosos.
—Ay, ya lo sé, anda, no llores que se te va a correr el maquillaje. Ve a retocarte primero y en un momento subes al escenario. Voy a ir a decir unas palabras.
—¡Sí, claro, mamá! —La inquietud en el corazón de Denisa se disipó y, al ver a Cristina alejarse, soltó un suspiro de alivio en secreto.
Acto seguido, una oleada de furia afloró en sus ojos.
¿Quién demonios no soportaba verla triunfar y tenía que elegir precisamente ese momento tan importante para enviarle a Cristina las fotos de su encuentro con su madre biológica?
Denisa se mordió el labio y, a través de la ventana de cristal, le lanzó una mirada fulminante a Natalia.
Natalia estaba sentada junto a sus padres. Iria ya se había cansado de jugar y estaba recostada en el sofá por el aburrimiento; al final, corrió hacia Luca y le sacudió el dedo con suavidad.
—Papá, quiero jugar un ratito en el celular.
Luca se quedó pasmado. Resultaba que en su teléfono sí tenía descargado uno de esos jueguitos.
—Irita, no juegues todavía, tu abuela ya casi va a subir al escenario a dar un discurso. —Luca intentó desviar la atención de su hija.
—¡No, yo quiero jugar ahorita, estoy muy aburrida! —dijo Iria haciendo un ligero berrinche con una actitud muy terca.
Natalia frunció el ceño. ¿Por qué Luca dejaba que la niña jugara de nuevo con el celular?
Natalia tomó el aparato con la intención de regresarla a la pantalla del juego, pero vio que el anuncio la había redirigido a una aplicación de mensajería. Al cerrarlo, vio toda una lista de chats; el que aparecía hasta arriba llevaba el nombre de Denisa.
La respiración de Natalia se cortó de golpe. Por instinto, echó un vistazo en dirección a Luca.
Él seguía platicando con otras personas y no miraba hacia allí.
Con los dedos fríos y rígidos, Natalia abrió esa conversación.
Justo encima de un par de mensajes, apareció la imagen de los resultados de un ultrasonido.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo