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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 180

—Natalia, despierta. Ya llegamos a la oficina.

La voz de Darío se escuchó junto a su oído.

Natalia abrió los ojos de golpe. Todo el entorno a su alrededor la sacó de tajo de ese letargo, devolviéndola de golpe a la realidad.

Parpadeó un par de veces. Dormir así dejaba a uno todavía más cansado. Soltó un leve suspiro y se topó con la mirada llena de preocupación de Darío. Sonrió y dijo:

—Sí, ya me bajo.

Parecía que Natalia seguía atrapada en las secuelas de ese sueño tan real, pero un mensaje que llegó a su celular lo hizo añicos por completo.

Era un texto del trabajo enviado por Luca. Después de explicar la situación, al final, había una frase de pura rutina laboral: «Responde cuanto antes».

Ese contraste tan rudo la despabiló por completo.

Ella contestó con un simple «Enterado», y reprimió por completo todas sus emociones.

Al ver que andaba algo desconectada, Darío le preguntó en voz baja:

—¿Tuviste una pesadilla hace rato? Noté que estabas dormida, pero tenías el ceño todo fruncido. Seguro andabas peleando con monstruos en tus sueños.

A Natalia le dio risa su comentario, así que no se molestó en darle explicaciones; nada más asintió.

Darío entristeció la mirada por un instante. Mientras dormía, ella había murmurado un nombre, y él lo escuchó a la perfección. Estaba a punto del divorcio, pero aun en sus sueños no podía evitar llamarlo por costumbre. «Ay, Natalia, Natalia... ¿de verdad no te atreves a soltarlo?», pensó.

Natalia caminó a pasos rápidos hacia la empresa, sin voltear a ver la expresión tan enredada que tenía Darío, dejando aquel corto sueño tirado en el olvido.

***

Ya estaban a mediados de abril. La lluvia de primavera no paraba y llevaba más de una semana cayendo, sin que se le viera el fin.

Denisa había tenido demasiado trabajo esos días. Con tal de probar lo que valía, se estaba matando en los proyectos. Cristian, por su parte, no la había decepcionado. Resolvió rapidísimo todos los pendientes que había dejado Natalia, de una forma impecable, permitiendo que Altium Médica siguiera funcionando bien a pesar de la ausencia técnica de Natalia.

De hecho, hace rato que Cristian había pasado a darle el informe, su forma de mirarla estaba que ardía.

Denisa nada más se rio por dentro sin darle mucha importancia. Le sobraban admiradores. Todos los días había gente dándole indirectas, o de plano insinuándosele de frente. Para ella, esas cosas ya ni cosquillas le hacían.

Su celular soltó un sonido; era un mensaje.

Denisa echó un vistazo. Era de Miranda y venía con cierta información adjunta.

[Denisa, ya te ha superado].

Denisa sintió un vuelco en el pecho. Abrió rápido en su computadora el enlace a la noticia que Miranda le había mandado.

A simple vista, era una de esas revistas que sacaba un listado sobre «Las mujeres con más recursos del año».

Y el titular no dejaba de ser muy claro: «Impresionante debut de una nueva líder en el sector médico-tecnológico. Con tan solo veintisiete años, es la fusión perfecta de frialdad y talento».

En ese momento, toda la pereza y el cansancio que tenía Denisa encima se borraron de tajo gracias a la nota.

Se enderezó de un salto y empezó a hacer scroll rápido hacia abajo de la página, buscando como águila los nombres conocidos.

Lo encontró.

Por la noche, Fabio armó un plan con los amigos del mismo círculo social. A Denisa también le llamaron para ir.

Ya instalados en un cuarto VIP del club privado, por la ventana se veía una espectacular vista nocturna.

Con las luces tenues de fondo, se respiraba un ambiente súper relajado y exclusivo.

Ese grupo de amigos solía juntarse a cada rato. Antes, cuando Denisa era simplemente «un familiar más en la casa de los Torres», no solía ir muy seguido.

Pero desde que falleció Adrián, se quedó libre de compromisos; ya no les ponía peros a esas reuniones.

Llegó todavía con la ropa de oficina puesta. Aun así, seguía proyectando la seguridad de una mujer acostumbrada a mandar.

Al verla asomarse por la puerta, Fabio fue en corto a saludarla:

—¡Uy, ya llegó la señorita hermosa! Ya mandamos a traer tus botanas y lo que más te gusta tomar, pase usted a disfrutar.

—Pero qué bárbaro, cómo echas labia, tú —Denisa lo volteó a ver un poco en broma—. Ya, suelta la sopa, ¿a cuántas chavitas te traes a la vuelta y vuelta?

Fabio puso cara de santo ofendido y levantó las manos. En un tono ya más serio, dijo:

—Mira, la neta te lo juro por mi vida que a ninguna. Mis halagos no se los anda llevando cualquiera; eso nada más sale cuando estoy contigo, qué te pasa.

—Ah, cómo sabes hablar para marear a uno —le dijo Denisa. Ya sintiéndose menos estresada, se fue a sentar plácidamente en el sillón. De pasada, Miranda y un par de amigos del círculo se acercaron a saludarla.

—¿Y, qué onda, invitaron a Luca? ¿Sí se va a lanzar? —preguntó Denisa como si no fuera la gran cosa mientras se acomodaba.

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