Entrar Via

Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 194

Natalia rodó los ojos y decidió ignorar su último mensaje, pero sabía muy bien que su sermón había rendido frutos.

Al poco tiempo, le llegó un video en el que Iria salía sentada en las piernas de Luca con las piernas cruzadas, canturreando contenta. Sus ojitos, limpios e inocentes, brillaban como diamantes.

—Mami, ¿qué estás haciendo? ¿Estás solita o está el señor Darío ahí contigo? —preguntó Iria a la cámara, agarrando el celular de Luca para matar el aburrimiento.

Natalia tecleó su respuesta de inmediato:

[Apenas bajamos del avión hace ratito. Cada quien se fue a su cuarto a descansar].

—Ah, bueno. Cuídate mucho, mami. Te voy a extrañar —respondió Iria con su vocecita dulce.

[Yo a ti, preciosa. Gracias] contestó Natalia. Tras cerrar el chat con su hija, encendió su laptop y se puso a investigar todo lo relacionado a las compras médicas del proyecto.

A la mañana siguiente, en un importante centro de convenciones médicas en Alemania.

El gigantesco salón de exposiciones albergaba lo último en tecnología para hospitales. Los equipos médicos brillaban bajo las luces con un tono frío y metálico.

Natalia observaba un nuevo sistema de navegación quirúrgica. Llevaba puesto su dispositivo de traducción en la oreja y escuchaba atenta las explicaciones del ingeniero alemán, deteniéndolo de vez en cuando para hacerle preguntas muy puntuales.

—¿Qué te parece, Nati? —preguntó Romeo, apareciendo desde el otro lado del pasillo.

Llevaba un folleto técnico en las manos. A través de sus finos lentes, la miró con profunda atención y una sutil suavidad en los ojos.

Natalia frunció el ceño, pensando con cuidado.

—El ingeniero me estaba explicando el tema del retraso en la interfaz. La verdad, creo que deberíamos pensarlo un poco más.

De repente, se escuchó la voz de Darío a sus espaldas:

—A los alemanes les encanta la precisión extrema, pero es verdad que hay que evaluar qué tan práctico es esto en un quirófano real.

Natalia asintió con seriedad.

—El retraso tiene que medirse en milisegundos. Cualquier fallo podría ser catastrófico en una neurocirugía.

—Tienes toda la razón —coincidió Romeo con tono profesional—. Aunque te diré algo: la última vez que fui con mi equipo a una convención internacional, los aparatos no le llegaban ni a los talones a este, sobre todo en lo que respecta al escaneo en tiempo real del tejido.

Darío miró de reojo a Romeo y luego volteó con el ingeniero:

—¿Se podría aumentar la tasa de frecuencia de los sensores?

El técnico alemán comenzó a darle explicaciones al momento.

Natalia miraba fijamente las gráficas en la pantalla. De un segundo a otro, Darío se inclinó sobre ella, parándose a sus espaldas para ver los monitores. La cercanía entre ambos cruzaba un poco la línea del respeto profesional.

Romeo notó el detalle y su mirada se volvió tensa.

De inmediato, buscó la manera de distraer a Natalia:

—Nati, me acuerdo que alguna vez hiciste unas pruebas clínicas con aparatos parecidos fuera del país. Sería buena idea checar esos datos para compararlos con este sistema.

Natalia se sorprendió, pero antes de que pudiera decir algo, Darío le robó la palabra con una sonrisa:

—Esa información ya la tengo organizada. En cuanto regresemos, vamos a armar una junta especial para revisarla con calma.

Romeo respiró profundo, aguantándose el coraje.

—La compatibilidad es lo más importante en todo esto —comentó Natalia con voz serena, agachándose para revisar los conectores de la máquina.

Romeo se paró junto a ella y cruzó las manos por la espalda, posando frente a la cámara.

Darío miró a la pantalla de su teléfono. Era innegable que se veían espectaculares juntos. Romeo, alto, de traje oscuro y con una sonrisa sobria pero carismática. Natalia, impecable en un abrigo gris sobre una camisa clara, con el cabello recogido sin un solo mechón fuera de su lugar. Su rostro, siempre inexpresivo y calculador, dejaba asomar un toque de suavidad frente a la lente.

Darío sintió una punzada en el ego. Tomó dos fotos rápido y le regresó el aparato.

Romeo revisó las imágenes y quedó bastante satisfecho con el resultado.

A Natalia le tenía sin cuidado cómo había salido en las fotos. Ni siquiera les pidió que pusieran algún filtro en la cámara. Solo checó su reloj y dijo:

—Vamos al siguiente módulo. Me interesa mucho checar lo que traen en equipos inteligentes para anestesia.

Los tres caminaron rumbo a la siguiente zona del piso de exposiciones.

Eran más de las tres de la tarde. Los equipos del Hospital General del Norte y de Gennova Solutions estaban teniendo una junta de trabajo en una sala del hotel, cuando el teléfono de Natalia vibró sobre la mesa.

Miró la pantalla: era una videollamada entrante de Luca.

Sin dudarlo medio segundo, silenció el aparato, le colgó la llamada y le mandó un mensaje cortante:

[En junta].

No fue sino hasta pasadas las siete de la noche que Luca volvió a marcar. Natalia estaba cenando con su equipo, así que para no hacer ruido ni interrumpir, se levantó de la mesa y se fue a contestar al rincón más apartado del pasillo.

Pensó que su hija quería hablar con ella y por eso la buscaban.

Pero al conectarse el video, solo apareció el rostro de Luca en la pantalla. Atrás de él se veía el fondo inconfundible de su oficina personal.

Traía puesta una camisa gris oscura y un chaleco que combinaba a la perfección. Se veía atractivo y completamente en control.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo