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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 249

«Maldita anciana, ¿por qué no te mueres de una vez?», maldijo Denisa en su mente.

—Abuela... —rogó Denisa. Sintió que el mundo se le venía encima, y su voz sonó completamente destrozada. Intentó mostrar sus ojos cristalizados como último recurso—: Mi... mi pie sigue lastimado, el doctor me dijo que debo hacer reposo...

Josefa, por supuesto, ni se inmutó ante su pésimo pretexto.

—Nadie te exigió que leyeras el documento de pie. Puedes entrar rodando tu silla o mandar a que te carguen hasta allá; cómo llegues al lugar, es tu problema. Que te presentes o no, ese sí es asunto mío.

Aquellas frases fueron un ultimátum inapelable.

Denisa apretó los párpados, llena de agonía.

La anciana remató con calma:

—Llevas más de diez años disfrutando la generosidad de la familia Torres. Cuando llega el momento de corresponder, se corresponde. Cuando te toca asumir tu lugar y comportarte a la altura, lo asumes.

—¡Sí, abuela! —contestó Denisa, tomando aire a la fuerza. Se había quedado sin opciones.

En cuanto Cristina se enteró de que el chofer había llevado a Denisa de regreso a la mansión de la familia, volvió a toda prisa. Apenas empujó la puerta de la habitación, encontró a la joven sentada inerte al borde de la cama, como una muñeca que hubiera perdido el alma.

—Denisa, ¿para qué te mandó llamar la abuela? —preguntó Cristina, acercándose apresurada para saber de ella.

Denisa levantó el rostro en cámara lenta para mirarla. Sus ojos se inundaron, y las lágrimas se le escaparon por las comisuras.

—Ey, no llores, explícale a mamá qué pasó —pidió Cristina. Al verla llorar sin consuelo, se sentó junto a ella y le tomó los dedos helados—. ¿La abuela se la agarró contra ti otra vez?

Tratando de estabilizar sus emociones, Denisa le relató todas las exigencias de Josefa. Luego fingió que se le quebraba la voz y sacudió los hombros:

—Mamá, ¿qué hago ahora? ¿Por qué me odia tanto la abuela? ¿En serio estuvo tan mal lo que hice?

A Cristina se le hizo un nudo en la garganta al verla tan frágil.

—Voy a ir a hablar con ella para pedirle que lo reconsidere, apelando a que estás lastimada... —Cristina le dio vueltas al asunto, pero simplemente no toleraba que Denisa pasara por ese calvario.

—Mamá, es natural que actúe así, yo la entiendo perfectamente. Luca es excepcional. Teniendo a un hombre tan exitoso, es obvio que Nati lo quiera traer amarrado en cortito —comentó Denisa, dándose aires de mártir empática, provocando que la cara de Cristina se descompusiera todavía más por la indignación.

—Con esta Natalia ya he sido demasiado blanda. Cree que puede hacer y deshacer en su propio matrimonio, ¡pero no le voy a permitir que venga a querer mandar aquí en mi casa! Ya veo que me va a tocar darle su merecido escarmiento —resopló Cristina, furibunda de que una simple nuera se creyera por encima de ella como suegra.

—Yo llegué a la familia Torres cuando tenía nueve años; fuiste tú quien me enseñó mis valores, cómo comportarme, me mostraste un entorno nuevo y aseguraste que de ahí en adelante este sería mi verdadero hogar.

Denisa la contempló con devoción palpable.

—Tú eres mi madre. Y si me equivoco, allá afuera deben pensar que fracasaste educándome. Te pido una disculpa, no me he comportado como una buena hija... Mamá... te he fallado.

—¡Denisa, no llores! Para mí eres el orgullo más grande del mundo. Nunca podrías decepcionarme —la atajó Cristina de inmediato, atrayéndola para abrazarla, con los ojos enrojecidos del coraje que le hervía por dentro.

—Esto no se va a quedar así. Hablaré con Luca en este preciso instante. Si yo no puedo hacer cambiar de opinión a su abuela, él claro que sí podrá —afirmó Cristina. Simplemente no podía permitir que Denisa se plantara ante las cámaras destrozando su propia imagen a lo tonto.

—¡No, mamá, por lo que más quieras! Te lo imploro. Ya no le des más problemas a Luca. Precisamente la abuela me juzgó de no respetar mis límites; si hacemos que él interceda por mí, imagínate cómo se va a poner la abuela —le rogó Denisa, aterrorizada de verdad. Sabía muy bien que, si Luca abogaba por ella una vez más, la anciana usaría un ultimátum dramático y amenazaría con desterrarla de la familia Torres y mandarla en vuelo directo al otro lado del mundo.

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