Luca se apoyó en la pared del elevador y contestó la llamada de su madre, Cristina. Ella le preguntó a qué hora iría al hospital, pues Denisa ya había despertado y no paraba de llorar.
Con la voz ronca, Luca le pidió a su madre que la cuidara. Le dijo que todavía tenía asuntos que resolver y que iría más tarde, en cuanto se desocupara.
Sin embargo, no fue a la empresa. En cambio, citó a sus tres mejores amigos en el bar que solían frecuentar para tomar unos tragos.
Cuando Luca llegó, ya había alguien en la zona privada. Fabio levantó la vista y lo miró con una fugaz expresión de desconcierto.
El bar estaba ubicado en una zona artística remodelada de la ciudad, en un lugar bastante discreto. Solo admitía clientes habituales y gente del medio; contaba con una puerta trasera y áreas exclusivas para quienes no deseaban ser molestados.
Luca no iba con mucha frecuencia, pero en cuanto aparecía, todo el mundo lo reconocía.
Al entrar, tomó directamente un vaso de whisky de la mesa y se lo bebió de un solo trago.
Fabio arqueó una ceja.
—¿Qué pasa? ¿No andas de muy buen humor hoy?
Luca lo ignoró. Se dejó caer en el respaldo del sillón y cerró los ojos, como si necesitara un instante para tomar aliento.
—Denisa volvió a lastimarse —comentó Fabio sin dejar de observar a Luca—. Fui a verla. Desde que falleció Adrián, le han llovido las tragedias. Parece como si alguien estuviera empeñado en hacerle daño. Hasta yo, que solo soy su amigo, me la paso preocupado.
Al escuchar eso, Luca abrió los ojos de golpe y clavó su mirada en Fabio.
—Estás imaginando cosas.
En ese momento, Vicente y Rubén empujaron la puerta. Un mesero se apresuró a llevarles sus bebidas de siempre. Vicente tomó una copa de martini y se fijó en el rostro sombrío de Luca. Agitó su bebida y comentó:
—¿Por qué tan fiera la actitud? ¿Te peleaste con alguien? Parece que te vas a comer a alguien vivo.
Rubén se echó a reír.
—Vicente, no le eches sal a la herida. ¿Acaso no has visto las noticias?
—Ah... —Vicente alargó la vocal, comprendiendo de inmediato a qué se refería.
En su círculo social ya todos sabían del accidente que Denisa había sufrido bailando y de cómo había asistido a la rueda de prensa estando lesionada.
La que alguna vez fue la consentida de la familia Torres últimamente no dejaba de sufrir accidentes, algo que resultaba bastante lamentable.
Luca les lanzó a ambos una mirada de pocos amigos.
—Está bien, está bien, no pregunto más y me callo. Hoy solo venimos a beber —se apresuró a decir Vicente.
Luca tomó otro vaso y le dio un buen trago.
El alcohol le raspó la garganta y, en cuestión de segundos, le encendió el estómago, pero no se detuvo y siguió bebiendo.
Fabio lo observaba con una expresión cada vez más indescifrable.
¿En qué momento exacto dejó de quererlo?
No, ¿acaso alguna vez lo había querido de verdad?
Seguramente solo había conseguido el prestigio y el dinero que buscaba. Ahora que ya tenía la vida resuelta, simplemente quería una separación pacífica.
Al ver a Luca con la mirada perdida, Rubén le preguntó por curiosidad:
—Luca, ¿cómo van las cosas con la doctora Ortega? Única y exclusivamente por chisme, claro. Últimamente se les ve algo distanciados.
Luca apretó el vaso sin decir nada.
—Mujeres como la doctora Ortega no se encuentran en cualquier lado —continuó Rubén—. Hay muy pocas con ese nivel técnico en su campo, y menos las que llegan tan alto. Es todo un talento, sin dudarlo.
Por supuesto que Luca admiraba las capacidades profesionales de Natalia.
Al escuchar los elogios de Rubén, su mano se cerró con más fuerza alrededor del vaso.
En la empresa, había quienes la llamaban a escondidas "la jefa del bisturí", y no eran pocos los que la admiraban y respetaban.
Casi todos sus logros los había conseguido dentro de Altium Médica, y Luca había sido testigo de todo su desarrollo.
—¿A dónde quieres llegar? —Luca le lanzó a Rubén una mirada pesada y llena de advertencia.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo