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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 254

Luca frunció el ceño. Aún no lograba responder cuando Denisa continuó platicando:

—Te prometo que de ahora en adelante no daré problemas. Me dedicaré solamente a trabajar y no haré ninguna tontería. La abuela ya es mayor y no es justo hacerla enojar por mis descuidos.

Luca notó la disposición a ceder por parte de Denisa. Ese comportamiento tan sumiso y dócil le recordó la fragilidad con la que había llegado a la familia Torres a los nueve años; le causaba mucha lástima.

—De acuerdo, ya entendí. Acuéstate temprano.

—Sale, Luca. Ojalá dejes de tomar tanto —añadió ella con cariño antes de colgar.

Luca sostuvo el teléfono y observó cómo la pantalla perdía su brillo.

A esas alturas, el dolor estomacal había desaparecido casi por completo. La muestra de preocupación oportuna por parte de Denisa parecía una clase distinta de alivio que le llenaba el pecho.

Alberto entró y le acercó un vaso con agua.

Luca sintió la ironía de repente. Por un lado, una mujer tan comprensiva que llegaba a dar lástima; por el otro, una tan insensible que helaba la sangre.

La diferencia era abrumadora.

A la mañana siguiente, Natalia acudió a las instalaciones de Grupo Superior para asistir a una importante junta relacionada con el ámbito de la salud. Acudieron los altos mandos de Altium Médica y de Gennova Solutions, así como los representantes de otras dos sucursales.

Llegó puntual a las nueve y entró a la sala de juntas.

Ya estaban todos ubicados a lo largo de la enorme mesa.

Localizó su tarjeta con su nombre y tomó asiento.

La reunión comenzó sin demoras cinco minutos después.

Le echó un vistazo a la cabecera; estaba desocupada.

Luca no había llegado.

Luego volteó hacia donde debía sentarse el encargado de Altium Médica; Denisa también estaba ausente.

Sin mostrar ninguna emoción, Natalia abrió los documentos de la junta. Sabía de sobra por qué no habían asistido.

Lo más probable es que hubieran pasado la noche juntos, sin separarse un momento.

La sesión transcurrió con total normalidad. El responsable del departamento de Investigación y Desarrollo, Cristian Esquivel, acudió en representación de Altium Médica.

En más de una ocasión, Cristian clavó sus ojos profundos en Natalia, analizándola con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

A mitad del evento, anunciaron un descanso.

Mientras Natalia platicaba en voz baja con sus compañeros, escuchó a un par de personas murmurar a sus espaldas.

—¿Y el señor Torres no va a venir hoy?

La otra persona respondió, bajando aún más la voz:

—A lo mejor es por el internamiento de la señora Palma...

De inmediato, el primero hizo un ademán de pedir silencio, y la plática se cortó de tajo.

Natalia no se dio la vuelta; dejó la vista fija en los informes que tenía sobre el escritorio y simplemente pasó a la siguiente hoja.

Al parecer, la situación no era un secreto para nadie.

La rueda de prensa de la tarde anterior donde Denisa ofreció sus disculpas no había hecho más que avivar los rumores. Se decía a todas voces que Natalia la asfixiaba, que era despiadada y fría como una máquina, que no toleraba a nadie.

Apenas terminó de hablar, dio media vuelta y continuó su camino.

El rostro de Cristian se tornó más severo. Había oído que Natalia se aprovechó de sus habilidades en el quirófano para comprar el afecto de Josefa Torres, y que, al tener a la anciana en su bolsillo, podía hacer y deshacer a su antojo en la familia Torres.

Al subirse al elevador, Natalia no pudo evitar sentir un nudo en el estómago.

Luca no había dormido en casa con el pretexto de cuidarla en el hospital, y para colmo, ella tenía que soportar la desconfianza del resto del mundo.

El impulso de escapar de esa familia era más grande que nunca.

Esa tarde, Cristina le notificó que no tendría tiempo de ir por Iria y que buscara la forma de resolverlo por su cuenta.

El tono molesto de la llamada lo decía todo; era obvio que Cristina tenía que seguir acompañando a Denisa en el hospital.

Cerca de las tres, Natalia acudió al kínder privado por su hija. Después de pasar a recoger a Iria, se les ocurrió visitar una plaza comercial para ir viendo algunos electrodomésticos para la nueva casa.

—¡Mamá! —Iria agitó la mano con gran entusiasmo, sujetando a otra niñita de la mano.

—¡Señora Natalia! —saludó Lucía Guzmán con una encantadora sonrisa y mucha cortesía, mostrándose un tanto tímida.

A Natalia le llamó la atención que su hija trajera de la mano a la chiquita de la familia Guzmán, y se le quedó viendo un momento.

De pronto, escuchó a sus espaldas una voz profunda y amigable:

—¡Qué coincidencia, Natalia!

Al girar la cabeza, vio a Erick acercándose desde un extremo del pasillo.

El blanco inmaculado de su camisa destacaba la finura y elegancia de su porte, proyectando una imagen de intelectualidad y buen gusto.

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