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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 302

—Está bien —respondió Natalia antes de colgar de inmediato.

Alrededor de las diez de la noche, Iria, que ya se había quedado dormida, se despertó sobresaltada. Luca no lograba tranquilizarla, así que tuvo que llamarle a Natalia. Madre e hija platicaron un buen rato por teléfono hasta que, por fin, la niña volvió a conciliar el sueño.

A la mañana siguiente, Natalia le mandó un mensaje a Luca a primera hora, diciéndole que le llevara a Irita lo más pronto posible.

Ella también extrañaba a su hija con locura.

Luca le respondió con un simple «está bien», pero no llevó a la niña temprano.

Pasadas las nueve, Marta salió a comprar la despensa y, en ese momento, sonó el celular de Natalia.

Al revisar la pantalla, vio que era Erick; ya estaba esperándola en la planta baja.

Natalia le abrió desde el interfono. Él entró cargando algo de fruta y unos regalos, y su mirada se desvió por inercia hacia las piernas de ella. Las heridas de Natalia ya no estaban vendadas, solo cubiertas con gasas. Podía caminar sin problema, siempre y cuando no hiciera movimientos bruscos.

—Perdón por llegar hasta ahora —dijo Erick en voz baja.

Natalia se sorprendió un poco y sonrió:

—¿Cómo te enteraste?

Erick dejó las cosas que traía sobre la mesa y respondió con voz profunda:

—Mi mamá me llamó para avisarme. Yo estaba en el extranjero, apenas aterricé hoy en la mañana.

Natalia se quedó boquiabierta. ¿Erick había venido a verla tan temprano? ¿Acaso no había dormido nada?

—Erick, ¿volaste toda la noche y ni siquiera has dormido? —Natalia sentía que él estaba siendo irresponsable con su propia salud.

—Yo... no estoy cansado —sonrió Erick, pero las marcadas ojeras bajo sus ojos lo delataban. En realidad, estaba exhausto; si le ponían un sofá enfrente, caería rendido en un segundo.

—Quédate a comer con nosotras. En mi estudio tengo una cama pequeña, ve a recostarte un rato —le ofreció Natalia.

—¿De verdad no es molestia? —Erick se sorprendió al principio, pero luego esbozó una sonrisa—. Entonces, acepto la invitación.

Natalia abrió la puerta del estudio y señaló la cama individual:

—Ve a dormir, no te vayas a enfermar por no descansar.

—De acuerdo, haré caso a la doctora —Erick sonrió, caminó hacia la cama y se acostó sin siquiera quitarse la ropa. Tal como era de esperarse, el sueño lo venció en cuestión de minutos y se quedó profundamente dormido.

Natalia cerró la puerta con cuidado para no despertarlo.

Mientras Erick descansaba, Natalia fue a la cocina a poner a calentar agua, picó un plato de fruta por si acaso y, finalmente, se sentó en el sofá, colocó su laptop a un lado y comenzó a revisar algunos correos del trabajo.

Marta regresó alrededor de las diez y media de la mañana, y junto con ella subieron Luca e Iria.

Al ver a su hija, el corazón de Natalia se derritió de ternura.

La pequeña estaba recargada en el hombro de Luca, con los ojitos rojos y rastros de lágrimas aún frescas en sus mejillas, dando una imagen muy tierna y lastimera.

Luca no había llegado con las manos vacías; traía consigo una bolsa llena de regalos y frutas.

La carita de Iria se llenó de curiosidad:

—Mamá, ¿qué amigo es? ¿Lo conozco?

Al ver que su hija había pasado del llanto a la curiosidad en un abrir y cerrar de ojos, Natalia sonrió:

—Sí, lo conoces. Es el señor Guzmán, el tío de Luci.

Al escuchar esto, Luca no pudo mantenerse tranquilo; su rostro se ensombreció de golpe.

—¿Erick está en tu estudio? —La pregunta de Luca estaba cargada de un evidente tono de enojo.

Natalia ignoró por completo la expresión de disgusto que se había formado en el rostro de su esposo y respondió con total calma:

—Así es. Vino a verme a primera hora de la mañana. Voló toda la noche y no descansó bien, así que le dije que se durmiera un rato.

Luca sintió como si le hubiera caído un balde de agua fría. Decir que no le importaba habría sido una mentira.

Justo la noche anterior, Liliana y Natalia le habían exigido que firmara el acuerdo matrimonial para no interferir en la vida sentimental del otro, y resulta que a la mañana siguiente, Erick ya estaba durmiendo en el departamento de Natalia. Era imposible no pensar que todo ese acuerdo había sido preparado exactamente para este momento.

Liliana estaba al tanto de la relación entre Natalia y Erick. ¿Acaso intentaban hacerlo a un lado como esposo de una vez por todas?

Al sentir la mirada afilada e inquisitiva de Luca, Natalia, sintiéndose incómoda, tomó a su hija en brazos y se encerró en la recámara principal.

Luca se quedó ahí, parado en medio de la sala, clavando la mirada en la puerta cerrada del estudio.

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