Denisa se acercó con pasos ligeros. La brisa mecía su fino vestido, delineando sus curvas. Bajo aquella iluminación tenue, lucía tan cautivadora como si fuera producto de la fantasía.
Con su caminar elegante, se plantó justo enfrente de Luca.
Luca no le quitaba la mirada de encima. Aunque sabía que la mujer frente a él era preciosa, se dio cuenta de que su llegada ya no le revolvía nada por dentro, no como antes.
—¿Por qué me miras así? —Denisa esbozó una pequeña sonrisa y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja—.
—¿Te acuerdas que siempre decías que no era bonita? Cuando estaba en la secundaria me corté el pelo, decías que me veía fea. Yo te contestaba que el patito feo iba a crecer y volverse un cisne, y tú no parabas de burlarte.
—Sí, lo recuerdo —Luca sonrió.
—Entonces, ¿ya soy el cisne? —Denisa alzó el mentón, escondiendo las manos en la espalda, adoptando la postura juguetona de una adolescente, mientras clavaba sus ojos brillantes en él—.
—¿Me parezco al cisne que te imaginabas? ¿O... todavía crees que me falta para ser bonita?
Luca se quedó desubicado. Por algún motivo, le pareció un poco incómodo que Denisa le hablara en ese tono.
Soltó una risa nerviosa y la halagó:
—Te decía que no eras bonita nada más por molestarte. Sí, eres muy bonita.
—¿De verdad? —Denisa no esperaba que le contestara con tanta seriedad; por dentro saltaba de alegría. Al segundo siguiente, se dejó llevar y soltó—:
—Y a tus ojos... ¿quién es más bonita? ¿Natalia o yo? ¿Quién te parece más mujer?
Los ojos de Luca se oscurecieron por un momento, pero en seguida sonrió.
—¿A qué viene la comparación? Tú tienes tu encanto y ella tiene el suyo. No hay punto de comparación.
¿Acaso la pregunta era difícil de responder? ¿O es que de plano no quería contestar?
—Luca, no me has contestado. Tengo curiosidad, ¿en qué pensabas el día de tu boda? —insistió Denisa, decidida a sacarle la sopa.
Luca arrugó el ceño ligeramente y volteó a verla.
—Pero quiero saber —le rogó ella de forma apresurada, mirándolo fijamente a los ojos antes de bajar la voz—: Solamente quiero saber.
Para Luca, aquello era como estar contra la pared. Se limitó a mirarla en silencio. Denisa, al ver que no obtenía ninguna respuesta, empezó a ponerse al borde del llanto.
—Olvídalo. Si no quieres contarme, pues ya no quiero saber. —Denisa dio media vuelta y abandonó el balcón, no sin antes limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano. Era obvio que se había enojado.

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