Lucía convenció a Elena de acompañarla. Se subieron a su coche y condujeron hasta una elegante repostería a unas cuantas calles de ahí.
Con el descalabro monumental de la familia Romero y las recientes quiebras en los negocios de su propio marido, Lucía ya no se podía permitir los excesos y excentricidades que antes eran su pan de cada día.
De hecho, el vehículo en el que llegaron y la bolsa de diseñador que llevaba colgada eran de temporadas muy pasadas, vestigios de una riqueza en picada.
Pero Lucía era astuta y ambiciosa; no pensaba resignarse a la ruina ni hundirse con el barco sin antes agotar sus opciones.
Tomó asiento frente a Elena, la miró fijamente y fue directo al grano:
—Elena, creo que ya es hora de que enterremos el hacha de guerra. Lo tuyo con Diego ya es historia; él te traicionó y tú le destrozaste la vida en venganza. Estamos a mano. Vengo a proponerte dejar atrás todo ese melodrama. Sé qué clase de mujer eres. Tienes hambre de éxito, igual que yo. Ambas somos visionarias. Hagamos una alianza y levantemos un imperio comercial invencible. Tú eres un prodigio científico, tienes las patentes y el talento; yo sé de negocios y de control corporativo. ¿Qué me dices? ¿Te unes a mí como socia capitalista para este nuevo proyecto?
Elena la observó con una mezcla de perplejidad y ganas de reír. Le parecía surrealista que la mujer que tantas veces había querido destruirla, ahora se presentara a mendigarle que la sacara de la miseria disfrazándolo de una alianza.
Sin la menor compasión, le contestó tajantemente:
—No me interesa en lo absoluto, Lucía. Y si esto es todo lo que querías hablar, entonces creo que no tenemos nada más que decirnos.
Acomodó su bolso y se puso de pie, dispuesta a salir del establecimiento.
Desesperada, Lucía extendió las manos para detenerla:
—¡Elena, por favor, espera! No tienes que ser tan recelosa conmigo. En el mundo de los negocios no hay resentimientos eternos, solo alianzas convenientes. ¿Por qué negarte a forrarte de dinero solo por viejos rencores familiares? ¡Piensa en las utilidades millonarias que podríamos generar!
Elena se giró y la miró desde arriba con un desdén glacial:
—¿De dónde sacas que buscamos lo mismo? No somos iguales, Lucía. Mis ambiciones van mucho más allá de las miserias que a ti te obsesionan.
Y sin dirigirle una palabra más, salió de la repostería con un aire de superioridad aplastante.
Mientras la veía alejarse y perderse en la noche, Lucía sintió cómo una oleada de derrota la asfixiaba.
Si el estúpido de mi hermano no la hubiera engañado de manera tan absurda, a estas alturas, nuestra familia sería inmensamente rica e intocable gracias a ella. Jamás habríamos tocado fondo.
***
Al día siguiente, Elena y su amiga Isabel se reunieron en una pintoresca cafetería.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....