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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1037

Isabela Romero se pasó un buen rato quejándose y, al ver que él no reaccionaba, continuó criticando a Elena Navarro sin piedad.

—¿De verdad Elena cree que será feliz para siempre? Por favor, el amor tiene fecha de caducidad. Especialmente en familias con tanto dinero y poder como los Vargas. Un hombre con el estatus de Alejandro Vargas jamás será fiel. Te aseguro que su vida con él terminará siendo un completo desastre.

Diego Romero frunció el ceño, visiblemente molesto.

—Isabela, ya basta. Deja de hablar de ella.

Isabela soltó una carcajada amarga.

—Ay, por favor. Digo que no será feliz y enseguida te ofendes. ¿Todavía te importa tanto esa mujer?

—Lo mío con ella es cosa del pasado —respondió Diego con un suspiro pesado—. Sé perfectamente que me porté como una basura y le fallé. Pase lo que pase en el futuro, no le deseo el mal. Quiero que le vaya bien.

—Vaya, vaya. ¿Desde cuándo te volviste un santo tan desinteresado?

Diego, harto de la conversación, hizo un ademán para levantarse.

—Ya fue suficiente. Vámonos de aquí, tengo asuntos que atender.

—¿Tan pronto? —protestó Isabela—. Ni siquiera he terminado mi café.

De repente, la mirada de Isabela se clavó en una joven que estaba sentada unas mesas más adelante. Sus ojos se abrieron de par en par al reconocer el collar que la muchacha llevaba puesto. Era la misma joya que ella había encontrado escondida en el abrigo de su esposo hace unos días.

Era un diseño exclusivo, hecho a la medida. Era imposible que existiera otro igual en el mundo.

Había sido tan ingenua al pensar que su marido se lo había comprado como regalo de cumpleaños. Jamás imaginó que terminaría adornando el cuello de otra mujer.

Al recordar los mensajes comprometedores que había leído a escondidas en el celular de su esposo, el rostro de Isabela se contorsionó en una máscara de pura furia.

Se levantó de golpe y caminó a paso firme hacia la desconocida.

Lucía, la amante, estaba muy entretenida tomándose fotos y aplicando filtros, lista para subir una galería a sus redes sociales y presumir su lujosa vida.

De pronto, sintió un golpe seco en la cabeza. Quedó completamente aturdida.

Al levantar la vista, se topó con una mujer mayor que la fulminaba con la mirada.

Furiosa, Lucía agarró su taza de café y se la arrojó directo a la cara.

En un abrir y cerrar de ojos, Isabela y la joven se abalanzaron la una sobre la otra, enzarzándose en una violenta pelea.

Diego corrió de inmediato para intentar separarlas.

Pero el esfuerzo fue inútil; Isabela y Lucía se habían agarrado del cabello con tanta fuerza que era imposible soltarlas sin lastimarlas.

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