Aurora inclinó la cabeza, mirando a Elena con curiosidad.
—Mami, ¿cómo se enamoraron tú y papá?
Sintiendo que la conversación se ponía un poco incómoda para tenerla con las niñas, Elena decidió cambiar de tema rápidamente.
—Vamos a entrar rápido. Hoy es fin de semana y hay demasiada gente; si no nos apuramos, nos quedaremos sin lugar.
La táctica funcionó a la perfección. Aurora olvidó su pregunta de inmediato y tiró de la mano de su madre para entrar a toda prisa en el recinto.
Hacía mucho tiempo que no visitaban ese lugar. Las instalaciones habían sido remodeladas; ahora, en los pisos superiores, había un centro de esgrima de primer nivel.
Una ola de nostalgia invadió a Elena.
—Podríamos subir a practicar esgrima más tarde —comentó con un brillo en los ojos—. Hace tiempo tomé clases con un maestro maravilloso. Me pregunto si alguna vez me lo volveré a encontrar por aquí.
Alejandro soltó una risa grave y profunda.
Elena lo miró, arqueando una ceja.
—¿De qué te ríes?
Él no respondió. Simplemente la envolvió con una mirada cálida, sus oscuros ojos llenos de una ternura infinita.
Aurora tironeó suavemente de la manga de Elena.
—Mami, ¿tú sabes pelear con espadas? ¡Qué increíble! Yo también quiero aprender.
—Claro que sí, mi amor —respondió Elena, apretando su manita—. Más tarde te enseño lo básico.
Pasaron un buen rato deslizándose por la pista de hielo, riendo y disfrutando del momento. Luego, subieron al quinto piso para visitar el club de esgrima.
Elena se encargó de comprar los trajes protectores para las dos niñas y también alquiló uno para ella.
Minutos después, las tres salieron de los vestidores listas para la acción.
De pronto, a la distancia, Elena divisó una figura alta y familiar, vestida con el equipo completo y una máscara protectora. El corazón le dio un vuelco.
—¿Maestro Gabriel? —llamó, incapaz de ocultar su sorpresa y emoción.
El hombre se quitó la máscara lentamente, revelando el rostro impecablemente apuesto de Alejandro Vargas.
Él le dedicó una sonrisa cautivadora.
—¡Papá se ve guapísimo! —exclamó Aurora, dando saltitos de emoción.
Elena se quedó paralizada, asimilando la revelación.
Todo este tiempo, Alejandro había sido su maestro de esgrima, Gabriel Domínguez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....