Para Eustaquio, su madre era simplemente la mejor madre del mundo.
Como el único hijo varón de la familia Rosas, sentía que su deber y responsabilidad era vivir en la casa familiar para honrarla y cuidarla.
Pero Milena, al ver que por una simple queja suya él le respondía con un discurso en defensa de su suegra, se indignó aún más.
Antes de casarse, Eustaquio obedecía ciegamente cada una de sus palabras.
Pero ahora, todo había cambiado.
Al principio, ella quería hablar con él civilizadamente, pero su actitud condescendiente la sacó de sus casillas y empezó a reclamar.
—En mi propia casa tampoco tenía que preocuparme por nada. Todos me complacían y jamás me dictaban qué ropa debía ponerme. Además, el dinero que mis padres y mi abuela me daban era muchísimo más de lo que tú me das. Y todavía tienes el descaro de decir que me amas. Si de verdad me amaras, ¿por qué me limitarías el dinero?
Eustaquio pensó que estaba siendo demasiado caprichosa.
¿Acaso la vida de soltera podía compararse con la vida de casada?
Cuando vivía con la familia Valiente, tenía a sus padres y a su abuela para mantenerla.
Pero en la familia Rosas, él era el único proveedor.
Tenía que cubrir todos los gastos del hogar, mantener las apariencias de la familia y atender otros asuntos. ¿Cómo iba a darle todo su sueldo a Milena para que lo derrochara?
Intentó razonar con ella.
—Nuestra familia no tiene la misma fortuna generacional que los Valiente, lo sabes perfectamente. Además, para que la empresa crezca, hay que invertir en relaciones públicas y mantener contentos a los clientes. Para ampliar nuestros contactos, mi familia constantemente organiza eventos costosos. Hay muchas salidas de dinero que no conoces. Te doy una suma generosa cada mes, ¿y me dices que no es suficiente?
Eustaquio genuinamente no entendía. Ella ya tenía montañas de ropa, zapatos y bolsos de diseñador, ¿para qué necesitaba comprar más?
Al ver que era imposible llegar a un acuerdo con él, Milena armó un berrinche y se fue directamente a la casa de su familia.
La señora Rosas, que estaba en la sala, la vio salir sin siquiera despedirse y frunció el ceño, visiblemente molesta.
Le preguntó a su hijo:
—Eustaquio, ¿ahora qué mosca le picó?
Eustaquio se pasó una mano por el rostro, agotado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....