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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1052

—Es una lástima. La señora Rosas siempre ha sido conocida en nuestro círculo por ser comprensiva y amable. Tantas familias querían emparentar con los Rosas, y al final terminaron con una arpía caprichosa. Qué mala suerte.

Al escuchar aquello, los ojos de Milena se llenaron de lágrimas de rabia.

¡Esa vieja bruja de su suegra se atrevía a manchar su reputación de esa manera!

Incapaz de soportarlo un segundo más, se levantó de golpe y salió corriendo del salón.

En cuanto llegó a su casa, llamó a Eustaquio de inmediato.

Eustaquio, al ver que por fin se dignaba a llamarlo, pensó que había recapacitado y contestó con una sonrisa:

—¿Ya estás lista para volver? Voy a recogerte.

Milena sentía que el pecho le iba a estallar de ira.

—¡No quiero volver! —gritó Milena—. Tu madre anda inventando cosas sobre mí. Le dice a todo el mundo que quiero echarla de la casa. ¿Qué pretende con esto? ¡Es una mentira! Además, ni siquiera ha puesto un pie en mi casa y jamás le he faltado al respeto.

Mimada durante casi treinta años, Milena jamás había experimentado una humillación semejante.

Para ella, las apariencias lo eran todo. Ahora que su suegra había pisoteado su dignidad frente a toda la alta sociedad, ¿cómo se suponía que iba a dar la cara en ese círculo?

—La gente siempre habla de más, no te lo tomes a pecho —trató de calmarla Eustaquio—. Tú sabes perfectamente cómo es mi madre contigo. Jamás ha dicho una sola mala palabra sobre ti frente a mí.

—¡Es que no he hecho nada para que hable mal de mí! —estalló ella—. Y, por lo que veo, prefieres creerle y defender a tu madrecita en lugar de creerme y protegerme a mí.

Eustaquio suspiró, frustrado.

—¿Por qué tienes que ser tan irracional?

—¿Irracional? —chilló Milena, más furiosa que nunca—. ¡No es como si apenas hubieras descubierto mi carácter! Lo aceptabas antes de casarnos, ¿y ahora resulta que ya no lo soportas? Te lo advierto, Eustaquio, no pondré un pie en esa casa a menos que aceptes que nos mudemos solos. Después de todo lo que están diciendo allá afuera, si vuelvo a tu casa arrastrándome, seré el hazmerreír de todos.

Eustaquio intentó apelar a sus emociones.

—No puedo abandonar a mi madre. Ella sacrificó demasiado por mí. ¿Cómo podría darle la espalda ahora? Hazlo por mí, trátala con un poco de cariño y respétala, ¿sí? Mi madre ha tenido una vida muy dura.

Milena soltó una carcajada amarga.

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