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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1075

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Esa tarde, Elena terminó su trabajo temprano y fue a buscar a Aurora al kínder. Esperó en la fila unos cinco minutos hasta que vio a la maestra salir con los niños.

Al descubrir que era su madre y no su abuela quien la esperaba, Aurora corrió emocionada y se lanzó a sus brazos.

—¡Mami, te amo! —gritó, dándole un sonoro beso en la mejilla.

Elena no esperaba una reacción tan efusiva. Una punzada de culpa le recorrió el pecho al recordar cuántas veces el trabajo le había impedido ir a recogerla. Se prometió que, siempre que pudiera, se escaparía temprano para buscarla.

Aurora se despidió de su maestra y caminó a saltitos hacia el auto, tomada de la mano de su madre. Durante el trayecto, no paró de hablar.

—Mami, tenemos una nueva maestra de música en la escuela. Canta súper lindo y toca el violín. Es increíble. ¡Yo también quiero aprender a tocar el violín!

Al ver el entusiasmo en sus ojos, Elena sonrió.

—Claro que sí, mi amor. Buscaré a un profesor profesional para que te enseñe.

La niña dio un gritito de alegría. Imaginar que algún día podría presentarse frente a todos sus amiguitos y tocar como una experta la llenaba de orgullo.

Al pasar frente a una pastelería, Aurora exclamó:

—¡Mami, quiero un postre!

Como la niña tenía clases de esgrima más tarde, Elena no quería que pasara hambre. Le pidió a Bruno Berrocal que detuviera el auto.

Entraron a la tienda y Aurora eligió con cuidado su panecillo favorito, y luego escogió otro para Elena.

Mientras pagaban, la cajera, encantada por la ternura de la pequeña, le regaló una galleta extra.

—¡Muchas gracias, señorita! —agradeció Aurora con su voz cantarina.

Salieron del lugar con una sonrisa de oreja a oreja.

Justo en ese momento, el auto de Diego y Rosalía pasaba lentamente por la calle. Diego bajó el cristal y sus ojos se clavaron en Elena. Su mirada, cargada de una mezcla de nostalgia y remordimiento, no pasó desapercibida para Rosalía, a quien se le revolvió el estómago de celos.

Afuera, Bruno se acercó a Elena con rostro serio.

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