Las clases de esgrima habían dejado a Aurora con un apetito feroz. Devoró su cena y, cuando Alejandro llegó a casa, seguía royendo alegremente una manzana.
Él sonrió al verla y le dio un beso en la frente.
Mientras la niña jugaba, Elena le comentó sobre el deseo de Aurora de aprender a tocar el violín.
—Si va a aprender, que lo haga con los mejores —afirmó Alejandro sin dudar—. Haré que busquen a un concertista internacional para que le dé clases.
—Apenas va a empezar, ¿tú crees que un maestro de ese nivel quiera darle clases de iniciación? —río Elena.
—Estoy seguro de que nuestra Aurora es brillante y tiene talento. Cualquiera estaría honrado de enseñarle —respondió él, desbordando orgullo de padre.
El jueves por la noche, Elena se reunió para cenar con Zacarías Almagro y discutir detalles de sus proyectos en conjunto. Al terminar, se despidieron cordialmente en el restaurante.
Mientras esperaba el ascensor, se topó de frente con Rosalía. Dado su historial, Elena ni se molestó en saludarla; hizo ademán de seguir su camino.
Pero Rosalía, que venía acumulando la frustración de ser ignorada por Diego en mensajes y llamadas, no desaprovecharía la oportunidad de descargar su veneno. Para ella, todo el desprecio de su marido tenía nombre y apellido: Elena Navarro.
Se interpuso en su camino, con el rostro contraído por la ira.
—¡Te lo advierto, Elena! Aléjate de Diego. No quiero que vuelvas a tener ningún contacto con él.
Elena la miró como si le hablara en otro idioma.
—Rosalía, a ver si te queda claro: no me interesa tu marido. Deberías enfocarte en ponerle una correa y enseñarle modales para que deje de cruzarse en mi camino.
Sin darle tiempo a replicar, Elena subió al ascensor y desapareció.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....