Javier no creía que su atractivo fuera menor que el de Máximo; simplemente asumió que el temperamento serio de Máximo era muy parecido al de Alejandro, y por eso las niñas se sentían más a gusto con él.
Alejandro observaba divertido cómo Máximo, con movimientos un tanto torpes pero con infinita paciencia, le daba trocitos de fruta a Aurora.
—Máximo, si te casaras pronto, también podrías tener hijos así de adorables —comentó Alejandro con una sonrisa.
Máximo negó con la cabeza, esbozando una leve sonrisa.
—Mi trabajo me exige demasiado tiempo. No tendría espacio para estar con ellos, y eso sería muy injusto.
—El tiempo siempre se puede hacer cuando es prioridad —le replicó Alejandro.
Máximo miró a la niña de mejillas sonrosadas y soltó una carcajada suave.
—Aún no estoy preparado para ser padre.
En el fondo, le costaba creer que pudiera ser tan buen padre como lo era Alejandro.
En ese momento, Sofía Vargas salió con algunos dulces.
A Aurora se le iluminaron los ojos al instante.
Dejó la fresa a medio comer y salió corriendo para pelearle las galletas a su tía.
Sofía, queriendo bromear con ella, levantó el paquete en el aire.
—¡No te doy, no te doy! Esto es de tu tía.
Aurora estiraba sus bracitos intentando alcanzar las galletas, con una expresión de pura desesperación.
Al ver la escena de Sofía peleando por unos dulces con una niña pequeña, Máximo no pudo evitar sonreír.
Recordaba la primera vez que la vio, cuando ella apenas tenía unos quince o dieciséis años y también estaba peleando por unas chucherías con su prima.
Al parecer, su personalidad no había cambiado en absoluto.
Alejandro observó a su hermana y negó con la cabeza en tono de reproche.
—Mi madre quiere buscarle un buen partido a Sofía, pero con lo inmadura que es, no me quedaría tranquilo si se casara con cualquiera.
Javier intervino de inmediato.
—Entonces solo tienes que buscar a alguien de total confianza. ¿Qué tal mi hermano menor?
El hermano de Javier tenía la misma edad que Sofía. Tras graduarse, cedió a la presión familiar y trabajó como abogado durante un año antes de renunciar para convertirse en fotógrafo de naturaleza. Ahora se la pasaba en la sabana africana y casi nunca regresaba a casa.
Antes de que Alejandro pudiera responder, Máximo descartó la idea por completo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....