Cuando Milena escuchó que Alejandro había comprado la casa vecina solo para darle tranquilidad a Elena, no pudo evitar sentir una punzada de profunda envidia.
Recordó cuando estuvo embarazada y le suplicó a Eustaquio mudarse a otra casa cercana para no tener que lidiar con su suegra, pero él se negó rotundamente.
Y ni hablar de alejar a mujeres interesadas por iniciativa propia.
Una vez, fue de sorpresa a la oficina de Eustaquio y lo encontró demasiado cerca de una secretaria muy atractiva. Ella armó un escándalo tremendo en ese momento.
Pero Eustaquio, en lugar de disculparse, le recriminó que era una inmadura.
Al pensar en todo eso, Milena se arrepentía amargamente de haberse casado tan a la ligera con Eustaquio.
Se había casado pensando que iba a disfrutar de una vida de lujos, no para sufrir desprecios.
Pero la idea del divorcio la aterraba; el qué dirán sería insoportable.
En su momento, se la pasó presumiéndole a todas sus amigas que Eustaquio la adoraba y que sería tratada como una reina toda la vida.
Si a menos de dos años de matrimonio volvía a casa de sus padres con el orgullo destrozado, sabía que sería el hazmerreír de todo su círculo.
Y lo peor de todo: Elena se burlaría de ella sin piedad.
Esa tarde, Sofía Vargas salió de compras para buscar ropa y juguetes nuevos para sus dos pequeñas sobrinas.
Cuando estaba a punto de irse del centro comercial, se topó de frente con Ezequiel Valiente.
Para una mujer, no hay nada más molesto que tener enfrente a un hombre que no soporta.
Especialmente porque sabía muy bien que el interés de Ezequiel no era sincero, sino un mero cálculo para aprovecharse del prestigio de su familia.
La miraba como si fuera un trofeo o un billete de lotería ganador.
Esa mirada cínica la ponía de muy mal humor.
Ezequiel se acercó con una gran sonrisa y le extendió un ramo de flores.
—¡Sofía! Te he estado llamando todo el día, ¿por qué no contestas mis mensajes?
Sofía forzó una sonrisa llena de sarcasmo.
—Tampoco somos tan cercanos, ¿por qué tendría que contestar tus llamadas?
Ezequiel ignoró el comentario y señaló las bolsas que ella llevaba.
—Pensé que a estas alturas ya éramos buenos amigos. Veo que vas muy cargada, déjame ayudarte con eso.
—No, gracias —respondió Sofía cortante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....