Elena la miró sorprendida.
—¿A qué parientes te refieres?
—Ay, cuñada —suspiró Sofía—, como antes tu relación con mi hermano era un secreto, esa gente no se había acercado a ti, pero ahora las cosas van a cambiar. Nuestra familia es la más exitosa de todas, así que es súper común que los parientes vengan a rogar por empleos, favores, contactos o inversiones. Mi mamá se enoja rápido, pero en el fondo no sabe decir que no. Lleva años resolviéndoles la vida y los ha vuelto tan abusivos que ya ni quiero hablar del tema.
Elena sintió un leve escalofrío recorrer su espalda.
Era verdad que el tiempo en que ella y Alejandro mantuvieron su matrimonio en secreto había sido una etapa de mucha paz.
Pero ahora que todo era público, era inevitable tener que lidiar con las familias de ambos.
Después de todo, un matrimonio no se trata solo de dos personas enamoradas; es la unión de dos clanes.
Y viviendo en Ciudad del Norte, no tendrían forma de esconderse.
—Si no tienes ganas de verlos, simplemente diles que no o mándalos a hablar con mi madre —le sugirió Alejandro con tono despreocupado.
Para él, darles uno que otro favor o recurso a los parientes no representaba ningún problema.
Sin embargo, Elena sabía que, siendo la esposa de Alejandro y disfrutando de los beneficios de la familia Vargas, también le tocaba asumir su papel.
—No te preocupes, yo me haré cargo. Por muy pesados que sean, dudo mucho que sean más difíciles de tratar que tu propia madre.
Sofía soltó una carcajada.
—¡Tú eres muy lista, cuñadita! Te los vas a quitar de encima en un dos por tres. ¡Hasta capaz que logras domar a los que mi madre no ha podido!
Alejandro frunció el ceño con ligera preocupación.
—No dejes que te quiten la paz.
Elena recordó que la anciana Vargas le había contado que los Vargas eran una familia inmensa y que celebraban una comida mensual. Cuando se anunció públicamente su matrimonio, ella aún estaba en recuperación por el parto y Alejandro convaleciente de sus heridas, por lo que nunca había asistido a una reunión oficial.
Pero ahora, ya no había excusas.
Alejandro siempre procuraba darle lo mejor, así que ella debía estar a la altura y asumir con orgullo su título de señora Vargas.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....