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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 709

Hugo llevaba muchísimo tiempo sin sentarse a compartir una comida tranquila con Bianca.

Intentando ocultar su entusiasmo, se apresuró a servirle té con sumo cuidado.

—Bianca, ¿qué se te antoja? En este lugar preparan unas costillas asadas excelentes. Recuerdo que antes te encantaban, ¿quieres probarlas?

Bianca no se molestó en responderle. Ojeó el menú rápidamente, eligió un par de platillos y fue directo al grano:

—Dime de una vez a qué vinimos.

No quería perder el tiempo con pláticas vacías.

Había ido exclusivamente a hablar de dinero.

Hugo miró los platillos que ella había ordenado y notó lo mucho que sus gustos habían cambiado con los años.

Habían estado separados tanto tiempo que ya no sabía absolutamente nada de la mujer que tenía enfrente.

Recomponiéndose, sacó una carpeta y se la entregó.

—Este es el inventario que prepararon mis abogados y asistentes. Mi plan es transferirle propiedades y capital a Elena, y dejarle las acciones a Héctor. Quiero que él entre al Grupo Valiente para formarlo como mi sucesor.

Bianca revisó los documentos por encima.

Tal como lo había imaginado: a Elena le daba casas, autos y dinero.

A Héctor le daba el poder y el futuro de la empresa.

Lo miró fijamente y preguntó:

—¿Y qué hay de tu hijo fuera del matrimonio? ¿A él cuántas acciones le vas a dejar?

La sonrisa de Hugo se borró al instante.

No esperaba que Bianca fuera tan directa.

—Solo le dejé un cinco por ciento. Bianca, yo no vivo con su madre, solo hablamos de temas del muchacho. Y durante todos estos años, solo les he pasado una pensión de cien mil al mes.

Bianca soltó una risa irónica.

—¿Un cinco por ciento? Ja. Todas las propiedades que le estás dando a Elena no valen ni la mitad de ese cinco por ciento. Hugo, de verdad que no tienes vergüenza.

Hugo sabía que era un poco machista en sus decisiones, pero intentó justificarse.

—Hugo, cuando recién nos casamos, me juraste que todo tu patrimonio sería exclusivamente para nuestros hijos. ¿Ya se te olvidó esa promesa?

El recuerdo de los dulces días de recién casados golpeó a Hugo, llenándolo de nostalgia.

Esa había sido la época más feliz de su vida.

Resignado, asintió con la cabeza.

—Cumpliré mi palabra.

***

Nadie estaba más feliz que el director Medina al saber que Eulalia estaba en prisión y fuera del proyecto.

Para celebrar, invitó a almorzar a Fernando y a Elena.

Durante la comida, el director Medina les contó las repetidas ocasiones en que Eulalia faltaba al laboratorio sin justificación.

Suspiró, negando con la cabeza:

—En todos mis años de carrera, nunca vi a nadie actuar con tanta arrogancia. Tenía el título y la capacidad, pero decidió tirar su futuro a la basura ella sola.

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