Liana acudió a la prisión para visitar a Eulalia.
Eulalia había perdido peso de forma alarmante.
Al ver a Liana, se abalanzó hacia el cristal como si fuera su única salvación.
—¡Liana, por favor, ayúdame! ¡Eres la única que puede sacarme de aquí!
Durante esos días, había rogado a sus abogados que le suplicaran a Hugo y a Bianca, pero ambos le dieron la espalda.
¿Acaso todo el tiempo que vivieron juntos no significó nada? ¿No sentían ni un poco de cariño por ella?
Liana le tomó la mano y, con una voz baja y calculadora, empezó a manipularla:
—Eulalia, asume la culpa. Acepta todos los cargos. Si te declaras culpable, cuando salgas en unos años, yo me encargaré de mantenerte con todos los lujos a los que estabas acostumbrada. Todavía serás joven, no te costará trabajo conseguir un hombre con dinero que te respalde.
Eulalia abrió los ojos desmesuradamente, estallando en furia.
—¡Están diciendo que me pueden dar hasta doce años! ¡Apenas tengo veintiséis! ¡Mis mejores años se van a pudrir aquí adentro! ¡Para cuando salga, mi vida estará arruinada!
—¡Eulalia!
Liana no tuvo piedad y su voz se volvió filosa como una navaja.
—Todo lo que hiciste... robar millones, drogar a esas mujeres, manejar borracha y atropellar gente... ¡Fueron decisiones tuyas! ¡Yo no te obligué a nada! ¡Es justo que pagues por lo que hiciste! Si hubieras obedecido y te hubieras conformado con ser solo la impostora, nada de esto estaría pasando.
—¡Pero... pero...! —El cerebro de Eulalia parecía hacer cortocircuito.
Tardó unos segundos en hilar sus pensamientos de nuevo.
—¡Si hice todo eso fue porque tú te la pasabas metiéndome en la cabeza que podías deshacerte de Elena para que yo me quedara con su vida! ¡Y porque Hugo y Bianca me dieron demasiado! ¡Esa inmensa fortuna me mareó! ¡Yo era una profesionista, iba a tener una buena carrera! ¡Jamás debí terminar así! ¡Fueron ustedes, ustedes me arrastraron a esto!
Liana soltó una carcajada sarcástica.
—Son solo unos diez añitos, querida. El tiempo vuela.
Eulalia apretó los puños con fuerza, mientras lágrimas de pura humillación rodaban por sus mejillas.
Cuando Elena se enteró de que Eulalia había confesado y aceptado todos los cargos, se quedó muy sorprendida.
Esa misma noche, al llegar a casa, platicó del asunto con Alejandro.
—Esa Liana ya empezó a moverse. ¿Crees que podamos conseguir pruebas para que ella también pague por lo que hizo?
Solo pensar en las atrocidades que esa mujer era capaz de cometer le provocaba escalofríos en la espalda.
Alejandro la abrazó de forma protectora.
—Es una víbora muy astuta. Nunca deja rastros de lo que hace, así que meterla a la cárcel sin pruebas contundentes no será tan fácil. Además, tiene comprados a muchos empresarios y sus influencias pesan. Pero no te preocupes, ya mandé a mi gente a vigilar cada uno de sus pasos. Si intenta hacer cualquier movimiento en nuestra contra, lo sabremos antes de que suceda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....