De pronto, recordó que aún tenía que revisar un documento de trabajo, así que se despidió de Bianca y subió a su propio apartamento.
Justo cuando terminaba de hacer las correcciones, recibió una llamada de la señora Vargas.
—Señora Vargas, ¿se le ofrece algo? —respondió Elena.
La frialdad en la voz de Elena incomodó profundamente a la señora Vargas, pero, teniendo en mente el favor que necesitaba pedirle, suavizó su tono a regañadientes.
—Elena, quiero que hagas algo por mí. Si aceptas, consideraré la posibilidad de aceptarte en la familia.
Elena no se esperaba ese repentino cambio de actitud.
—¿Y qué es lo que espera que haga?
La señora Vargas sonrió para sus adentros, convencida de que Elena accedería al instante.
Estaba segura de que todas esas negativas de Elena sobre no querer entrar a la familia Vargas eran puras palabras; en el fondo, seguro moría por obtener la aprobación de su futura suegra.
—Últimamente me he sentido muy mal de salud —comenzó a explicar—. He visitado a muchísimos médicos y me he hecho infinidad de exámenes, pero no encuentran la causa. Así que mandé a llamar a un maestro espiritual del Monasterio de San Judas. Él me dijo que estoy atravesando un Ciclo Astrológico Adverso, y que por eso estoy enferma. Necesito que alguien vaya al Monasterio a hacer una Vigilia Espiritual por mí durante toda una semana.
Si Elena aceptaba hacer ese sacrificio, la señora Vargas estaba dispuesta a perdonarle la insolencia de sus encuentros pasados.
Después de todo, era una tarea muy sencilla. Seguro que aceptaría, ¿no?
Al escuchar aquello, Elena rodó los ojos con fastidio.
¿Acaso esa mujer creía que vivían en la Edad Media?
Para empezar, no era su madre biológica, ¿por qué tendría que ir a encerrarse a un monasterio por ella?
Además, si estaba enferma, lo lógico era ir a un buen hospital y seguir un tratamiento médico. Si rezar y encender incienso curara enfermedades, los hospitales estarían en bancarrota.
Al escucharla, Isidora fingió estar escandalizada.
—¿De verdad Elena se negó a hacer algo tan simple como una vigilia por usted?
Durante los últimos días, Isidora había estado llenándole la cabeza de ideas a la señora Vargas, manipulándola para que obligara a Elena a ir al monasterio.
Si lograba que Elena viajara a Ciudad del Norte, tendría la oportunidad perfecta para hacer que perdiera al bebé.
Al notar que Elena no cedía, la señora Vargas se quejó amargamente:
—No sé qué le ve Alejandro. Si decidió estar con él, debería estar preparada para formar una familia y asumir responsabilidades. No le importan los mayores ni los parientes; solo quiere vivir su pequeña vida en Ciudad del Río. No tiene ningún sentido de la responsabilidad.
Isidora se sorprendió por el cambio de actitud de la señora Vargas. Antes, ni siquiera consideraba que Elena y Alejandro se casaran, pero ahora, aunque decía odiarla, parecía haber aceptado el hecho de que estaban juntos.
Un sentimiento de pánico la invadió. Si no hacía algo pronto, una vez que naciera el bebé de Elena, no tendría ninguna oportunidad de quedarse con Alejandro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....