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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 731

A la mañana siguiente, Adriana se levantó temprano para preparar el desayuno.

La empleada del servicio estaba en la cocina preparando un exclusivo tónico nutritivo.

Adriana no pudo evitar la curiosidad.

—¿Es para mí? —preguntó.

—No —respondió la empleada—. La señora me pidió que lo preparara. Más tarde se lo va a llevar a alguien.

Adriana se preguntó a quién intentaría adular Beatriz con tanta dedicación.

A las nueve en punto, Beatriz bajó a desayunar. Como era sábado y Adriana no trabajaba, se sentó a acompañarla.

Mientras comía, Beatriz le dio instrucciones.

—Mañana quiero almorzar algo fresco, prepara unas buenas ensaladas. Además, Diego y los niños vendrán a pasar el rato. Hornea galletas y prepara jugo natural.

—Sí, mamá —asintió Adriana, obediente.

Al ver su actitud sumisa, Beatriz no lanzó ninguno de sus habituales comentarios hirientes. Terminó su café y se dispuso a salir.

—Mamá, ¿vas a salir hoy? —indagó Adriana—. ¿Para quién es el tónico nutritivo de la cocina?

Beatriz la fulminó con la mirada.

—¿Acaso tengo que darte explicaciones de adónde voy? En cuanto al tónico nutritivo, es para alguien que de verdad lo necesita.

Al notar que su suegra no soltaría una palabra más, un resentimiento amargo comenzó a gestarse en el pecho de Adriana.

No quiso discutir. Simplemente esperó a que Beatriz saliera, tomó las llaves de su auto y la siguió a una distancia prudente.

Por su parte, Elena había terminado de desayunar con Bianca, y ambas bajaron a dar un paseo por el vecindario.

Estaban charlando animadamente cuando una visita inesperada interrumpió su mañana.

Elena frunció el ceño. No entendía qué hacía Beatriz merodeando por ahí otra vez.

Beatriz, actuando como si todo el drama pasado nunca hubiera existido, las saludó con una sonrisa radiante.

—¡Bianca, Elena! Qué coincidencia. Vine a traerle unas cosas a Diego, que vive en el piso de arriba, y no esperaba encontrarlas. Por cierto, le pedí a mi empleada que preparara dos porciones de un tónico nutritivo de altísima calidad. Justo alcanza para que cada una tenga la suya.

Su verdadera intención era restaurar poco a poco su relación con Bianca y Elena.

Pero ninguna de las dos estaba dispuesta a darle esa oportunidad.

Al ver que la ignoraban y se daban la vuelta para marcharse, Beatriz apretó los dientes, humillada.

Escondida a poca distancia, Adriana observaba la escena. Ver a su suegra arrastrarse para ganarse el favor de Bianca y Elena casi la vuelve loca de rabia.

Conocía perfectamente las intenciones de la vieja víbora: ahora que Elena tenía un estatus de poder y riqueza, quería engatusarla de nuevo, probablemente con la esperanza de que volviera a la familia y tomara su lugar.

¿Acaso Beatriz perdió la cabeza? Pensó Adriana, indignada. Elena ya estaba con Alejandro Vargas, ¿por qué iba a querer volver a la familia Romero como madrastra?

Aunque maldecía internamente a su suegra, su odio por Elena no era menor.

Si ya estaba con Alejandro, ¿por qué demonios no se mudaba de una vez a Ciudad del Norte?

***

Elena acompañó a Bianca de regreso al edificio tras su paseo matutino.

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