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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 737

El martes por la tarde, al salir del trabajo, Elena se enteró de que su tía Carmen se había resbalado de su pequeña motoneta a causa de la lluvia. Afortunadamente, no había sido nada grave, solo algunos raspones, y gracias al cielo, la pequeña Ariadna no iba con ella en ese momento.

Años atrás, Carmen había vendido su automóvil para juntar el capital necesario y abrir su negocio.

Como la tienda estaba a unos tres kilómetros de su casa, Carmen se movía únicamente en motoneta para ahorrar gastos.

Elena, que ahora contaba con una posición económica sólida, decidió que era momento de comprarle un auto a su tía.

Visitó una concesionaria, revisó varios modelos accesibles y le envió fotos a Carmen.

Al principio, su tía se negó rotundamente a aceptar un regalo tan costoso, pero al pensar en la seguridad de Ariadna en los días de lluvia, terminó cediendo.

—Está bien, pero te lo iré pagando a plazos —le advirtió Carmen.

Elena no tenía la más mínima intención de cobrarle un centavo. Pensaba guardar ese dinero y usarlo más adelante como fondo universitario para Ariadna.

Tras discutirlo juntas, eligieron un vehículo familiar de uso práctico por un valor de poco más de veinte mil.

Justo cuando Elena estaba sacando su tarjeta para pagar, una voz familiar y molesta resonó a sus espaldas.

—Elena, ¿vienes a comprar un auto?

Elena se giró y vio a Hugo Valiente. Un nudo de fastidio se le formó en el estómago.

Hugo evaluó el vehículo que ella había elegido y frunció el ceño con evidente desagrado.

Ya le había parecido lamentable verla conducir ese auto tan corriente y barato, pero ver que ahora estaba a punto de comprar otro de la misma categoría, le resultó intolerable.

Asumió que, al haber sido criada en un entorno humilde, Elena no tenía el valor de gastar dinero en cosas buenas, a pesar de haber heredado las acciones y la fortuna de Bianca.

Para él, ese era un mal hábito de la pobreza que debía erradicarle de inmediato.

Como hija del gran Hugo, no podía tener una mentalidad tan mediocre.

Se dirigió directamente al gerente de ventas con tono autoritario.

Pero a Elena no le atraía en lo más mínimo ese mundo superficial que él describía con tanta pasión.

Sus ambiciones no eran materiales. Su única meta era sacar adelante sus proyectos de investigación, alcanzar sus propios ideales científicos y construir un hogar tranquilo y feliz al lado de Alejandro. Eso era más que suficiente para ella.

—Gerente, procedamos con la compra —dijo Elena, ignorándolo por completo—. Me llevo el auto que elegí originalmente.

Extendió su tarjeta para que la procesaran.

Pero Hugo, terco y controlador, insistió.

—Está bien. Si te empeñas en comprar este carrito de juguete, te compraré un auto de lujo adicional para que lo uses en tu día a día. Te aseguro que, en cuanto te acostumbres a la comodidad de un verdadero vehículo, no querrás volver a subirte a uno de estos.

Elena ni siquiera se dignó a responderle.

Sin inmutarse, Hugo continuó planificando el futuro de su hija en voz alta.

—Elena, quiero que te vengas a Ciudad del Norte conmigo. Te abriré un laboratorio privado, con equipos de última generación y los mejores recursos del país. Yo me encargaré de trazar tu plan de carrera. Si haces exactamente lo que yo te diga, alcanzarás todas tus metas científicas sin tener que matarte trabajando como lo haces ahora. Además... eres mi hija. Cuando se trate de tu boda con Alejandro, dudo mucho que la señora Vargas se atreva a ponerte mala cara. Te contrataré a los mejores tutores para que aprendas protocolo, etiqueta y relaciones públicas. Así, cuando te cases, serás el complemento perfecto para el futuro líder de la familia Vargas. Te aseguro que toda su familia te aceptará con los brazos abiertos.

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