—En unos meses, es probable que empieces a sentir dolores en la espalda baja —dijo Alejandro con un tono suave y grave—. Para ese entonces, será mejor que evites estar sentada por mucho tiempo, o el malestar será peor.
Él había estado investigando obsesivamente sobre el embarazo en internet y había consultado a varios especialistas. Su único objetivo era hacer que ese proceso fuera lo menos incómodo posible para ella.
Elena sonrió con ternura.
—Ahora que estoy en la oficina, trato de levantarme y caminar un poco cada media hora. Todavía puedo ocultarlo frente a mis colegas, pero me imagino que en un par de meses ya será evidente.
Alejandro retiró la toalla tibia con cuidado y le dio un tierno beso en la mejilla.
—Cuando ya no se pueda ocultar, simplemente lo haremos público.
—Seguro que a todos les caerá como una bomba —río ella—. Y ni hablar de tu madre... Me imagino el ataque que le va a dar.
A Alejandro le importaba muy poco la opinión de la señora Vargas.
—Su personalidad es completamente tóxica e inestable para criar a un niño. Sin importar los berrinches que haga, jamás permitiré que se acerque a nuestro bebé.
Al día siguiente, Alejandro y Elena acompañaron a la abuela Navarro al hospital para su chequeo médico.
Los resultados fueron excelentes; la salud de la abuela iba en franca mejoría, lo que le quitó un enorme peso de encima a Elena.
Estando en esa etapa de la vida en la que uno debe cuidar tanto a los mayores como a los que están por venir, su único deseo era que los abuelos mantuvieran buena salud para evitar preocupaciones innecesarias.
Por azares del destino, Adriana también se encontraba en el mismo hospital.
Aún no se daba por vencida en su afán de quedar embarazada y continuaba sometiéndose a tratamientos médicos.
Fue entonces cuando los vio: Elena, Alejandro y la abuela Navarro caminando juntos por los pasillos.
Adriana se quedó paralizada.
Recordó que, en los tiempos en que ella y Diego tenían un matrimonio feliz, él también la acompañaba junto a su familia a las citas médicas.
Ese era el tipo de amor que se expandía y abarcaba a los seres queridos. Si Alejandro acompañaba a la abuela de Elena al médico, significaba que ella le importaba profundamente.
Adriana siempre había creído que, en esa relación, Alejandro era la figura dominante y superior, alguien que jamás entregaría su corazón a alguien del estatus de Elena. Pero la realidad era que él la trataba a ella y a su familia con una devoción innegable.
Un sabor amargo inundó la boca de Adriana. Intentó consolarse con un pensamiento venenoso: Todos los hombres son así al principio. Son súper atentos y detallistas, pero con el tiempo se aburren y dejan de esforzarse.
Se convenció de que, tarde o temprano, Elena también sufriría el frío desprecio del abandono.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....