Elena habló con frialdad y desprecio:
—Solo eres mi padre biológico. ¿De verdad crees que por ese simple lazo puedes controlar mi vida, juzgar a mi familia y exigirme obediencia? ¿En qué mundo vives? Soy una mujer adulta, no una niña. ¡Tus berrinches solo logran que te desprecie más! ¡Lárgate de aquí ahora mismo!
Hugo sintió que la sangre le hervía. Las palabras que quería gritarle se le quedaron atoradas en la garganta.
Bruno y Leandro se acercaron y lo obligaron a salir del local.
Una vez que se fueron, Elena se giró hacia Carmen y preguntó preocupada:
—Tía, ¿estás bien?
—Estoy bien. Pero ese tipo, Hugo, es tal como dijiste: una verdadera escoria.
Esa misma noche, Hugo, sin poder contenerse, llamó a Bianca para quejarse de la actitud de Elena.
—¡Soy su papá! ¡Hago todo por su bien y ella me trata como basura!
—Siempre te la pasas criticándola, diciendo que hace todo mal —respondió Bianca con frialdad—. Pero para mí, Elena es una mujer brillante, bondadosa y perfecta. Si llegó a ser una persona tan excepcional, es gracias al amor y la educación que recibió de su familia adoptiva. Es cierto, la familia de origen de Elena no era millonaria, pero nunca le faltó nada. Le dieron una carrera universitaria y lo sacrificaron todo para comprarle una casa en Ciudad del Río. Hugo, dudo mucho que tú hubieras hecho algo así por ella.
—¡Yo puedo darle muchísimo más! ¿Me estás diciendo que valgo menos que ellos? —protestó él.
Bianca soltó una carcajada amarga.
—Si ellos tienen diez, le dan nueve a Elena y no le exigen nada a cambio. Tú también le darías nueve, pero a cambio le exigirías que te idolatre y te pague con sumisión absoluta. Esa es la gran diferencia entre ustedes.
Hugo se enfureció aún más.
Sentía que Bianca no lo entendía en lo absoluto.
—¿Cómo que no me meta? ¡Soy tu madre!
La señora Vargas, sintiendo que nadie en esa casa la respetaba y que su propio hijo la trataba con desdén, dejó que su furia se desbordara y comenzó a repartir culpas:
—Tu abuela te trata bien, ¿y tú crees que es por amor? El segundo hermano no es hijo suyo, tu padre y el tercero son unos inútiles. Tú eres el único que puede mantener a flote el imperio, por eso te adula, ¡para asegurar su vejez! Solo eres una herramienta para ella, no le importa tu futuro ni con quién te cases, por ella podrías casarte con cualquiera. ¡Y esa Elena es una malagradecida! No entiendo qué le ves para perder tanto el tiempo con ella. Si fuera una mujer decente, ya habría venido a la mansión a ganarse mi favor como su futura suegra, ¡pero me trata como si fuera invisible!
Alejandro sabía que seguiría quejándose un buen rato, así que sacó su celular y se puso a responder correos del trabajo.
Al ver que la ignoraba, la señora Vargas enfureció aún más y estiró la mano para tirar las cosas de la mesa.
Justo cuando sus dedos rozaron un florero, Alejandro advirtió sin levantar la vista:
—Es una antigüedad que compraste en una subasta. Vale cincuenta millones.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....