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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 749

Llevaba tiempo viviendo con Alejandro, así que no era algo imposible.

Pero si ya estaban esperando un hijo y Alejandro todavía no formalizaba la relación, era inaceptable.

Recordó que la señora Vargas siempre había detestado a Elena. Probablemente era ella quien estaba impidiendo la boda.

Decidió que tendría que ir a hablar seriamente con la señora Vargas.

Bianca era demasiado orgullosa como para usar un embarazo para exigirle cuentas a la familia Vargas.

Esa tarea tendría que hacerla él mismo, como el padre de la chica.

Al finalizar la cena, Gonzalo le hizo una propuesta directa a Elena:

—Considero que es un desperdicio que un talento como el tuyo se quede en Ciudad del Río. Tienes las puertas abiertas en mi laboratorio en Ciudad del Norte cuando quieras.

A pesar del honor que eso representaba, Elena rechazó la oferta con amabilidad.

—Por el momento, no tengo planes de mudarme a Ciudad del Norte.

Gonzalo se sintió un poco decepcionado, pero sonrió con comprensión.

—Es normal que los jóvenes tengan sus propios planes, pero espero que al menos consideres mi propuesta a futuro.

Hugo no podía creer que Elena se hubiera atrevido a rechazar a una autoridad como Gonzalo. Se sintió frustrado.

Ni siquiera llevándole a un experto mundial lograba convencerla de hacer lo que él quería.

Una vez que Gonzalo se marchó, Hugo le dijo a Elena:

Bianca soltó una carcajada burlona.

—Todo lo hace por su maldito ego. Quiere presumir frente a todos que tiene una hija brillante. Pero no se detiene a pensar en lo que significa para ti. Si vuelves a Ciudad del Norte con Alejandro, tendrás que enfrentarte a las víboras de la familia Vargas. A él no le importa ni tu seguridad ni lo que tú deseas, solo quiere que obedezcas. Es un egoísta asqueroso.

—Seguramente también buscará a mi hermano para intentar convencerlo —comentó Elena.

—Tu hermano tiene tu mismo carácter, no se dejará mangonear. Seguro le cerrará la puerta en la cara. Si Hugo de verdad quisiera que ustedes triunfaran allá, les entregaría dinero y acciones. Solo con poder económico esa bola de clasistas de Ciudad del Norte los respetarían. Pero no, es tan tacaño que no quiere darles nada y prefiere lanzarlos a los lobos para que se defiendan solos. Ese viejo desgraciado me va a escuchar.

Por otra parte, Lucía leyó el artículo premiado de Elena y dejó escapar un largo suspiro.

Beatriz, que estaba cenando, la miró intrigada.

—Lucía, ¿qué te pasa?

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