Bianca no tenía idea de cómo Hugo había descubierto el embarazo de Elena.
Pero con semejante forma de manejar las cosas entre las familias, ¿cómo iba a poder Elena mantener la frente en alto frente a la familia Vargas?
Bianca sentía unas ganas tremendas de plantarle dos bofetadas para ver si así reaccionaba.
—Hugo, ¿de verdad tienes idea de lo que es preocuparse por un hijo? —le reclamó—. Estás mezclando el matrimonio de tu hija con una simple alianza de negocios con el Grupo Vargas. La señora Vargas no es tonta, va a pensar que estás vendiendo a tu hija a cambio de beneficios corporativos. Y otra cosa, el embarazo de Elena no era un tema que te tocara a ti ir a pregonar. Es un asunto exclusivo de Elena y Alejandro. Ellos y solo ellos deben decidir cuándo sacarlo a la luz. ¿Con qué derecho vas a exigirles una boda? ¿Acaso crees que Elena no puede vivir sin la familia Vargas? Si esa es tu actitud como padre, ¡prefiero mil veces que Elena y Héctor no tengan absolutamente nada que ver contigo!
Tras soltarle eso, Bianca le cortó la llamada.
Al otro lado de la línea, Hugo se quedó perplejo, incapaz de entender por qué ella se había puesto tan furiosa.
Elena era su hija. ¿Acaso iba a quedarse de brazos cruzados sabiendo que estaba embarazada? ¿Acaso la familia Vargas no debía hacerse responsable? Además, si ambas familias iban a emparentar, lo más lógico y natural del mundo era que sus intereses se entrelazaran; el Grupo Valiente ayudaría al Grupo Vargas y viceversa.
Para él, Bianca estaba siendo demasiado emocional y poco práctica respecto al futuro de su hija.
Si dejaba que ella se encargara de esto, ¿Elena iba a terminar siendo madre soltera?
¡Qué escándalo!
Él jamás permitiría que el nombre de la familia se viera manchado de esa manera.
***
Esa misma tarde, al salir de la oficina, Alejandro recibió la noticia de que su madre se había negado a cenar y llevaba todo el día en cama, fingiendo estar al borde del colapso.
Sin más remedio, condujo hasta la villa Vargas.
Apenas lo vio entrar en la habitación, la señora Vargas sintió que la sangre le hervía.
—¿Así que Elena está embarazada? ¡Alejandro, me vas a matar de un disgusto! Si crees que vas a usar a ese bebé para obligarme a aceptar a esa mujer en esta familia, ¡ya te puedes ir olvidando!
Alejandro frunció el ceño.
—¿Quién te lo dijo?
—¿Quién más iba a ser? —soltó ella con una risa amarga—. ¡El mismísimo Hugo! Vino hasta mi casa a exigir una boda, queriendo usar el matrimonio de su hija para sacarnos ventaja. ¡Ah, claro! Si hubieras elegido a Isidora desde el principio, no estaríamos soportando este tipo de extorsiones. ¡Por lo menos Dante jamás usaría el compromiso de sus hijos para chantajearme!
—Mamá —dijo con una dureza implacable—, cuando te metiste con papá, fuiste tú la que demostró no tener ningún tipo de límite moral. Antes de señalar los errores de los demás, deberías mirarte al espejo y preguntarte qué tan decente fuiste en el pasado.
La señora Vargas jamás imaginó que su propio hijo le clavaría un puñal justo en su herida más profunda.
—¿Cómo te atreves a hablarme así? ¡Soy tu madre!
—Cuando te quedas sin argumentos, recurres a la jerarquía. Mamá, eso ya es patético. —Alejandro miró su reloj y acomodó el puño de su camisa—. Ya vi que estás perfectamente de salud, así que me retiro. Y te lo advierto: el embarazo de Elena es un tema confidencial. No quiero enterarme de que nuestros familiares están yendo a molestarla.
Sin esperar respuesta, dio media vuelta y salió de la habitación.
A sus espaldas, solo se escuchó el estruendo de un jarrón estrellándose contra la pared.
Alejandro ni siquiera se inmutó.
Ya en su auto, conectó el teléfono al sistema del vehículo y llamó a Hugo.
—Alejandro, ¿qué se te ofrece? —respondió Hugo con un tono seco, aún resentido por la idea de que su hija estuviera embarazada sin estar casada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....