Sin embargo, a Bianca le aterraba la salud de Elena.
Recordaba con angustia las inyecciones semanales que su hija tuvo que soportar durante el embarazo de Aurora y se le partía el corazón.
Solo una verdadera madre sufre en carne propia el dolor de su hija.
Una suegra, en cambio, suele pensar que sufrir en el embarazo es la obligación de la nuera.
Elena notó su preocupación y le aseguró con una sonrisa:
—Mamá, conozco mi propio cuerpo. Cuando termine el proyecto ADC me tomaré unas largas vacaciones. Si para entonces quedo embarazada, ten por seguro que lo tendré.
Amaba a los niños y disfrutaba cada segundo con su hija.
Claro que, para ser honestos, otra razón era que Aurora reservaba todas sus travesuras y berrinches exclusivamente para Alejandro.
Cuando la niña estaba con Elena, era un auténtico angelito.
Ese contraste la tenía tan enamorada de la maternidad que la idea de otro bebé le resultaba irresistible.
***
Esa tarde, al salir del trabajo, Elena pasó por una juguetería.
Sacó una foto y se la mostró a la empleada para que le ayudara a buscar el juguete que aparecía allí.
Cuando llevaba a Aurora a visitar a la abuela Navarro, la anciana solía ver videos en su celular, y la niña siempre se sentaba a su lado.
Cada vez que Aurora veía en la pantalla un juguete que le gustaba, lo señalaba con ojos llenos de asombro y envidia.
La abuela, derretida de amor, tomaba capturas de pantalla de los videos y se los mandaba a Elena con la orden estricta de comprárselos de inmediato a la pequeña.
Mientras la empleada buscaba el pedido, Elena se detuvo frente a un aparador para elegir entre muñecas Barbie y cochecitos de juguete.
Aurora adoraba ambas cosas.
Elena nunca la limitaba con los juguetes; podía jugar tanto con los de niño como con los de niña.
En ese instante, se topó de frente con Adriana.
Hacía mucho tiempo que no se veían frente a frente.
Aunque Elena había escuchado algunos rumores sobre su vida reciente.
Cuando Adriana dio a luz, su suegra y las hermanas de Diego la tenían controlada y Diego jamás la defendió.
Por culpa del desgaste emocional diario, sentía que había envejecido diez años.
Siempre creyó que cuando Elena tuviera un bebé, también se vería marchita, pero su aspecto era mejor que nunca.
La vida que Adriana llevaba ahora comparada con la de Elena era la diferencia entre el cielo y el infierno.
Su decisión de volver con los Romero había sido el resultado de sopesar los beneficios.
Ganó el juicio, sí, pero su propio padre se negó a aceptarla de vuelta en su casa con el niño.
La manutención de ambos habría sido un problema grave.
Rodrigo, aunque decía amarla, jamás criaría al hijo de la familia Romero.
Regresar con ellos era la mejor opción que tenía en ese momento.
Además, Beatriz era la abuela biológica y seguramente trataría bien al niño.
Sumado a que Beatriz deseaba retener a su nieto a toda costa, no le había quedado más remedio que aceptar darle la pensión mensual.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....