—¿Creíste que lo nuestro iba en serio? —se mofó Gabriel—. Me enamoré de Diana desde el día uno. Y debo agradecerte, Helena, porque sin ti, yo no la hubiera conocido.
Ambos estaban abrazados frente a Helena. Las paredes de la empresa se tornaban cada vez más oscuras, y el dolor en su corazón era inmenso.
—¿P-por qué me hiciste este daño? —cuestionó, palpando su pecho—. Yo te amo, Gabriel. Estábamos comprometidos. ¡Te querías casar conmigo!
—Todo acabó, Helena.
Y sin más que decir, le plantó un desesperado beso a Diana. Uno que provocó que Helena cayera al vacío y despertara sobresaltada.
Había sido un mal sueño.
Su pulso estaba descontrolado. Helena no dejaba de sudar, y varias lágrimas cayeron por sus mejillas al recordar que las únicas personas que formaban parte de su círculo social, la habían abandonado.
—¿Ahora qué haré? —se preguntó.
Sin empleo, sin novio, sin mejor amiga.
La vida de Helena había llegado a un punto crítico. Nunca imaginó que su vida se convertiría en un infierno.
Se levantó de la cama con pereza, y revisó su celular. Abrió los ojos al ver el montón de notificaciones que tenía de la misma noticia.
—Gabriel Collins se ha comprometido con Diana Anderson, su secretaria y ahora diseñadora estrella. La mente maestra detrás de su éxito —susurró Helena, leyendo cada detalle de la noticia—. Se dice que la extraña que se subió a la tarima para interponerse entre ellos, tenía problemas mentales.
Apretó su celular con fuerza. Le daba tanta rabia ver cómo todo su trabajo se lo robó alguien más y la hicieron ver como una loca delante de todo el mundo.
—Tiene que ser una broma. ¡Ha pasado una semana, maldito idiota! —masculló—. ¡Gabriel nunca anunció su compromiso conmigo! Decía que todavía no era el momento…
Se echó a llorar de nuevo, rota.
Sus piernas flaquearon y cayó de rodillas al suelo. Deslizó el dedo en la pantalla, hasta que aparecieron varias imágenes. Diana con un vestido verde intenso, un anillo en el dedo, una sonrisa descarada y Gabriel besando su frente.
Esa fue la gota que derramó el vaso.
Helena se levantó, dispuesta a darse un baño, despejar la mente y tomar cartas en el asunto, porque su carrera no iba a ser destruida por esos dos.
(...)
Unas horas más tarde…
Helena estaba frente a un gran edificio. Nunca creyó acudir a ese lugar precisamente a pedir trabajo. Llevaba su portafolio con sus mejores diseños en mano.
Nocturne Fashion, la empresa rival de Gabriel. Si había una manera de vengarse de los que le hicieron daño, era unirse al enemigo y demostrar que sus diseños podrían revolucionar el mundo de la moda.
Llegó a la recepción, una mujer joven y encantadora la recibió con una sonrisa. Cabello castaño, revoltoso, y unos intensos ojos miel que se clavaron en ella.
—Buen día, ¿en qué puedo ayudarla? —inquirió, juntando ambas manos.
—N-necesito hablar con el CEO —Tragó saliva, un poco nerviosa—. Conozco a Nicolás. Somos viejos amigos.
Mintió.
En realidad, lo había visto pocas veces y nunca llegó a tener una conversación formal con ese hombre.
La recepcionista se extrañó, sus cejas se hundieron.
—¿Me indica su nombre? —preguntó.
—Helena Cooper.
La castaña fijó su vista en la pantalla de la computadora y tecleó el nombre de Helena. No encontró absolutamente nada.
—Disculpa, pero Nicolás sólo acepta visitas si tienen una cita previa —respondió, tratando de sonar comprensiva—. Es una regla.
—Ya veo… —murmuró, sonriendo—. Tendré que pedir una cita.
—Así es.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por mi prometido, conquisté el mundo de la moda