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Recuperando el amor de mi secretaria romance Capítulo 3

Ángela manejaba con furia.

La suite era un refugio que Ángela conocía demasiado bien.

Entró sin tocar. Tiró la cartera contra el sofá y caminó de un lado a otro como una fiera enjaulada.

—¡William! —gritó.

Él apareció desde la habitación, tranquilo, impecable, como si nada pudiera alterarlo.

—¿Qué pasó, gatita? —preguntó con una sonrisa ladeada—. Tienes una cara hermosa cuando estás furiosa.

—¡Esa perra está embarazada! —escupió Ángela—. ¡Embarazada!

William arqueó una ceja.

— ¿Quién?

— Katrina, la zorra maldita que tenía de secretaria.

—¿Y?

—¡Son de Marcus! —gritó—. ¡Lo sé! ¡Lo vi en su cara! ¡Y me juró que no, pero sé que miente! Ayer la encaré, no sabes lo difícil que fue guardar la compostura frente a todos cuando sé que esa zorra está embarazada de Marcus.

William la observó con atención, esta vez sin sonreír.

—Tranquila —dijo—. Respira.

—¡No puedo! —replicó—. Si esos niños nacen, todo se arruina. Todo.

Su familia los aceptaría. Marcus es débil, se ablandaría… y yo perdería todo, nuestro plan fracasaría, es tu hijo el que quiero llevar en mi vientre y una vez que Marcus muera, nuestro bebé heredará todo, y tú serás el guapo empresario que se hará cargo de una triste viuda y el hijo de Marcus Miles, pero ahora, si esta maldita perra tiene a esos bastardos, todo se irá al carajo.

William dio un paso hacia ella, con voz baja y peligrosa.

—Entonces no dejaremos que nazcan.

Ángela lo miró, sorprendida… y luego sonrió lentamente.

—Eso mismo le dije, por eso me encantas, porque eres práctico y no te tiembla la mano.

***

Marcus estaba solo en su oficina, después de la pelea con Gustavo y la discusión con Ángela, toda su cabeza era un lío.

No había querido irse a casa. No quería ver a Ángela. No quería escucharla.

La imagen de Katrina en la tienda, embarazada, volvió otra vez a su cabeza, esa ecografía, no lo dejaba en paz.

Tres meses. Su corazón latía con fuerza, tres meses que lo habían perseguido flashes de una noche con Katrina, una noche llena de amor, de pasión que confundía con un sueño, un sueño como los tantos que había tenido con ella desde que dejó la empresa, pero esta vez era diferente porque era tan real que había empezado a dudar. Y ahora las fechas cuadraban.

Tomó el celular y marcó, el teléfono como siempre sonó dos veces y contestaron.

—Carlos —dijo cuando el mayordomo respondió—. Necesito que me digas algo… y necesito que seas honesto.

—Lo que usted quiera, señor.

—La noche antes de mi boda… ¿Katrina se fue apenas me dejó en la cama?

Hubo silencio.

—Carlos… dime la verdad ¿Trina me acostó y se fue, o se quedó?

—Señor… —respondió finalmente—. La señorita Katrina se fue cerca del amanecer.

El corazón de Marcus se detuvo.

—¿Por qué?

—Porque usted… —Carlos dudó—. Usted no quería soltarla.

Marcus cerró los ojos, todo encajó, su corazón no podía equivocarse.

Esos flashes que él confundía con un sueño, Katrina besándolo, él tomándola una y otra vez, su embarazo coincidía con ese día.

—Gracias, Carlos —dijo con la voz rota—. Descansa.

Colgó y se quedó inmóvil.

—Dios mío… —susurró.

Debo encontrar a Trina 1

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