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Recuperando el amor de mi secretaria romance Capítulo 5

El auto del señor Jones esperaba frente al hotel.

Katrina salió con la maleta en la mano. El cielo comenzaba a oscurecer y el viento le revolvía el cabello. Sentía el corazón desbocado, pero intentaba mantenerse firme.

Todo era por ellos. Por sus bebés.

El chofer abrió la puerta trasera con respeto.

—Señorita.

Katrina subió sin decir palabra y el vehículo arrancó rumbo al aeropuerto privado.

Durante los primeros minutos, el silencio fue pesado. Katrina llevaba una mano sobre el vientre, respirando hondo, tratando de calmar el temblor que no lograba controlar.

Entonces el chofer miró por el espejo retrovisor y su expresión cambió.

—Señorita… ¿reconoce ese vehículo?

Katrina giró lentamente la cabeza.

Y la vio.

El auto negro, Ángela en el asiento del copiloto.

El miedo le recorrió el cuerpo como un latigazo.

—Es la mujer que quiere hacerme daño… —susurró, cubriendo instintivamente su vientre.

El chofer frunció el ceño y aceleró.

Pero entonces otro automóvil apareció más atrás, acercándose a toda velocidad.

Katrina lo reconocería en cualquier parte.

Marcus.

Su respiración se cortó.

—No… —murmuró—. Ya lo sabe… por favor, no deje que me atrapen.

—Tranquila, señorita —respondió el chofer con firmeza profesional—. No le pasará nada.

Pisó el acelerador.

Los motores rugieron.

El auto de Ángela intentó cerrarlos por la izquierda. El de Marcus venía por detrás, reduciendo la distancia peligrosamente. Pero no intentaba golpearlos. Se movía como un escudo, interponiéndose entre ellos y el vehículo de Ángela.

Katrina temblaba de miedo.

Los tres autos competían en una danza mortal de velocidad.

—Por favor… por favor… —susurraba ella, aferrándose al asiento mientras protegía su vientre.

En el auto negro, Ángela iba en el asiento del copiloto, con el rostro desfigurado por la furia. William conducía, sonriendo con frialdad mientras aceleraba.

—Creo que tu esposito ya lo sabe todo —murmuró él.

—No podrá hacer nada si no hay bastardos —escupió Ángela.

El chofer de Katrina analizaba cada salida, cada calle. Era experto en conducción defensiva.

Giró bruscamente hacia una avenida secundaria. Ángela casi perdió el control, pero William logró estabilizar el vehículo.

Marcus aceleró aún más.

El chofer tomó un desvío estrecho, luego otro. Cambió carriles con precisión milimétrica y aprovechó un camión de carga para bloquear el paso de los otros autos.

Por unos segundos, el caos reinó detrás de ellos.

Luego…

Nada.

El espejo retrovisor mostró carretera vacía.

—Los perdimos —dijo el chofer, aunque no disminuyó la velocidad.

No podían arriesgarse.

Katrina soltó el aire que había estado conteniendo, pero el miedo no desapareció.

Llegaron al aeropuerto privado a toda velocidad.

El avión ya estaba preparado y el señor Jones los esperaba en la pista.

El chofer bajó la maleta rápidamente.

—Señor, nos venían siguiendo.

El empresario frunció el ceño.

—¿Quién?

—Marcus… y su esposa.

El rostro del señor Jones se volvió sombrío.

—Ven, pequeña. Nos vamos ahora.

Katrina lo miró sorprendida.

Que no me atrapen por favor 1

Que no me atrapen por favor 2

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