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Recuperando el amor de mi secretaria romance Capítulo 4

El recuerdo llegó como un golpe en medio del caos.

El día que firmaron el contrato con el señor Jones, Katrina lo había planeado todo. Desde el traje exacto que Marcus debía usar —gris oscuro, corte italiano— hasta el vino que debía servirse en el momento preciso. Incluso eligió el regalo perfecto: una pluma estilográfica antigua que sabía que el señor Jones coleccionaba.

En el restaurante, la reunión fue impecable.

Katrina expuso cifras, proyecciones, márgenes de crecimiento. Marcus complementó con visión y seguridad. Hacían un equipo brillante.

El señor Jones los observaba con una sonrisa casi paternal.

—Debo decir que hacen una pareja extraordinaria —comentó aquella noche, levantando su copa.

Marcus sonrió, sin notar el leve rubor en el rostro de Katrina.

El contrato se firmó esa misma velada.

Pero cuando, días después, el señor Jones supo que Katrina había renunciado, pidió verla a solas.

Tomó su mano con afecto.

—Mi niña, si necesitas empleo o cualquier cosa, no dudes en llamarme. Tienes mi número.

—Gracias, señor Jones —respondió ella con educación—. Solo le pido que no le quite su apoyo al señor Miles. Él es muy inteligente. No perderá si confía en él.

El empresario la miró con astucia.

—Ya lo veremos, cariño. Yo aposté por ustedes dos… no solo por él. Veremos qué me ofrece ahora.

Katrina bajó la mirada.

—Está bien.

En ese momento no lo supo.

Pero aquel ofrecimiento sería su salvación.

Ahora estaba allí otra vez.

Frente a la oficina del señor Jones.

Con una sola maleta.

Otra vez empezando desde cero.

—Adelante, mi niña.

Katrina entró.

Ya no era la mujer segura que había presentado proyecciones millonarias con voz firme. Ahora parecía un animalito empapado bajo la lluvia.

—¿Katrina? ¿Qué te pasó, mi niña?

El señor Jones se levantó de inmediato, la tomó de los hombros y la ayudó a sentarse mientras ella luchaba por contener el llanto.

—Señor Jones… necesito su ayuda. Cuando le dije que renunciaría a ser la secretaria del señor Miles, usted me ofreció empleo. Ayuda. Hoy vengo a pedírsela.

Él la miró con atención.

—Necesito desaparecer —susurró ella—. Estoy embarazada… y alguien quiere hacerle daño a mis bebés.

El rostro del empresario se endureció.

—¿Quién?

Katrina tragó saliva.

—La esposa del señor Miles.

El silencio fue pesado.

—Eso quiere decir que esos bebés…

Katrina asintió.

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Por eso necesito salir del país. Irme lejos. Todo el mundo cree que es inseminación asistida… pero la señora Miles descubrió lo que pasó entre Marcus y yo. Me odia. Los odia.

Se cubrió el rostro.

—Debe pensar que soy una cualquiera.

El señor Jones negó con firmeza.

—No, cariño. Cuando los vi juntos aquella noche supe que estabas enamorada. Y Marcus también… pero es un ciego.

La huida 1

La huida 2

La huida 3

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