Facundo y los suyos empezaron a ponerse nerviosos; la alegría de hace rato ya ni se notaba.
—¿Cómo que pasó esto? ¡Santiago, ve a ver qué está pasando, rápido!
Muy pronto el asunto se salió de control.
De la decena larga de empleados que habían mandado al hospital, murieron otros cuatro.
Los familiares fueron a armarla a la empresa.
Los trabajadores se fueron a paro y se plantaron en la entrada.
El escándalo fue tan grande que hasta la policía llegó.
Facundo y los demás daban vueltas en la oficina, desesperados, como leones enjaulados y con los nervios de punta.
—¿Cómo… cómo pudo pasar esto…?
—Papá, ya revisamos lo de la cocina. Los insumos estaban frescos; no parece que el problema venga de ahí —dijo Santiago.
Al poco rato entraron los policías.
—¿Quién es el responsable aquí?
—Y-yo… —contestó Facundo, tenso.
—Señor Galindo, ya se hicieron pruebas. En sus materias primas se detectó un nivel de sustancias nocivas por encima de lo permitido; no cumplen con las normas de seguridad. Por eso se intoxicaron los trabajadores y ya han muerto varias personas. Como responsable, tiene que acompañarnos.
Dicho eso, el policía esposó a Facundo.
—Oficial, e-esto no tiene nada que ver conmigo. Yo acabo de llegar, apenas llevo dos días. No es mi culpa, yo no sabía nada… suélteme, se están equivocando, no fui yo… —se apresuró a explicar Facundo.
—Sí, oficial, se equivocaron. Mi papá no sabe nada. Al que deberían llevarse es a Thiago. Él era el gerente general antes; esto es cosa suya, no nuestra —intervino Isabel.

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