—¡No, no! ¡Ustedes no pueden hacerme esto! Yo estaba muy bien en Estudio Cobalto, usted fue quien me buscó y me convenció de venir a Páramo Visual. Los otros dos diseños que me robé, los saqué arriesgándome a que me despidieran, y lo del concurso también lo hice para que la empresa ganara. ¡Usted me ordenó que robara esos bocetos! ¿O me equivoco? ¡No puede usarme y luego tirarme a la basura!
Miriam estaba furiosa y no pensaba quedarse de brazos cruzados.
Creyó que la empresa la iba a proteger, y ahora resulta que la estaban echando a la calle.
En un principio, ella había hecho sus propios diseños para el concurso.
Pero Anaís la buscó, le dijo que su trabajo no daba la talla y le exigió que se robara los diseños de Estudio Cobalto.
Ella no quería hacerlo, pero Anaís le ofreció un buen dinero, y solo así se atrevió a buscar a Isidora para que la ayudara.
¡Y ahora Anaís le daba la espalda con esa actitud tan descarada!
—Deja de decir tonterías. Ese robo fue tu decisión personal, yo no tengo absolutamente nada que ver en eso ni te pedí que plagiaras a nadie. Miriam, ni se te ocurra echarme la culpa. Recoge tus cosas y lárgate ya, no voy a perder más el tiempo contigo, ¡eres una inútil! —dijo Anaís, lavándose las manos.
Miriam soltó una risa amarga. —¡Qué perra es usted! Al principio me trató tan bien que de verdad la consideré mi amiga. Y ahora que ya no le sirvo, me desecha como si nada.
—¿Amiga? ¿Crees que estás a mi nivel para ser mi amiga? Miriam, tómalo como una lección de vida.
—¡No! ¡No me voy a ir, quiero ver al jefe! ¡Exijo ver al jefe! ¡Le voy a explicar todo! —gritó Miriam, negándose a aceptar su suerte.
En ese momento, entraron Joaquín y Cecilia.
—Director Rivas... —murmuró Miriam al verlo.
Lo que nunca imaginó fue que él llegaría acompañado de Cecilia.
Joaquín ni la volteó a ver; se dirigió directamente a Cecilia: —Cuñada, le había prometido a mi hermano que te daría una explicación por lo sucedido, ¡y aquí la tienes!
Miriam se quedó sin palabras.
¡Una explicación!
¡Eso significaba que Joaquín siempre planeó deshacerse de ella!
—Joaquín, ¿tú ya sabías desde antes que yo era Elisa? —le preguntó Cecilia.
—¡Mi cuñada es tan talentosa que la verdad es toda una sorpresa!
Joaquín no lo admitió directamente, pero Cecilia ya tenía su respuesta.
Era un tipo astuto; claro que ya sabía que ella era Elisa.
Por eso sabía que el diseño robado que Miriam presentó iba a perder, arruinando así su vida profesional y entregándoles a ella y a Saúl su prometida venganza.
¡Vaya que no se tocaba el corazón!
A ella y a Nadia les caía mal Miriam, pero solo planeaban despedirla de la empresa, no vetarla de por vida.
Pero en este concurso, Joaquín hizo que humillaran públicamente a una diseñadora, que expusieran su plagio frente a todos y que quedara marcada para siempre, destrozándole la vida.

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