—¡Me lleva…! —Clara aventó el celular al sillón.
—¿Mamá, qué pasó?
—No sé qué le dio a Nadia. Antes era un encanto conmigo, hasta me agregó a WhatsApp. Cada vez que salía algo nuevo, ella misma me lo mandaba. ¡Y ahora me bloqueó! Ni idea de qué le hice. Qué cosa tan absurda.
Noa se desinfló.
Ella ya se imaginaba presumiendo el lanzamiento.
Y ahora salían con esto.
—No pasa nada, mija. Si no es Estudio Cobalto, mandamos a hacer algo con otra marca. No son los únicos —la consoló Clara.
Noa asintió, pero se quedó con la espinita.
¿Cómo iba a compararse otra marca con el prestigio de Estudio Cobalto?
***
Universidad de San Martín.
Ese día Cecilia fue a la escuela y Mónica la jaló en cuanto la vio.
—¿Ya supiste? Los Salinas y los Valdés se van a emparentar. A principios del próximo mes se casan Ismael y Noa.
—Sí sé. Por eso, el día de la boda les voy a mandar un regalito.
—¿Eh? ¿Otra idea tuya? Me muero por verles la cara cuando les caiga el karma —se rió Mónica.
Rápido llegó la hora de clase y Cecilia se metió al salón.
Entró justo a tiempo. Ya había muchos alumnos, y estaban comentando algo.
—Después de medio año, por fin Elisa va a sacar algo nuevo. Ya quiero verlo.
—Lo malo es que aunque tenga dinero, ni así lo consigo. Está imposible.
—Lo que saca Elisa siempre es garantía. El día de la preventa se va a acabar en segundos.
—Dicen que este diseño lo estuvo puliendo seis meses. Seguro está increíble.
Cecilia, al oír lo de “seis meses”, negó con la cabeza.


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