—¡Vaya, conque buscando que te mantengan! ¡Es la primera vez que veo a un mantenido tan orgulloso de serlo! —se burló Zacarías.
Por fin lo entendió todo. Resultaba que Aarón seguía creyendo que Leticia era la hija del presidente.
Aarón se enfureció al escuchar eso.
—¡Zacarías, te lo advierto por última vez, quítate de mi maldito camino! ¡Voy a ver a Leticia!
¡Pum!
Zacarías le dio una patada directa que mandó a Aarón al suelo de rodillas.
Aarón se puso rojo de furia. ¡Se necesitaba tener muchos pantalones para atreverse a tratarlo así!
Ese día, aunque tuviera que armar un escándalo en las oficinas de presidencia, no dejaría que Zacarías se saliera con la suya. Haría que Leticia lo despidiera de inmediato.
—Maldito perro, ¿te atreves a golpearme? ¿Crees que te tengo miedo?
Mientras hablaba, Aarón hizo el intento de lanzarse contra Zacarías.
—¡Basta! ¿Qué está pasando aquí? —Damián salió de su oficina.
Al ver a Damián, toda la valentía de Aarón desapareció al instante y adoptó una postura sumisa.
—¡Presidente!
Zacarías reportó de inmediato:
—Presidente, el señor insistía en entrar a la fuerza, así que lo detuve.
Llegados a este punto, Aarón decidió poner las cartas sobre la mesa; ya no estaba dispuesto a soportar humillaciones.
—¡Presidente, vine a buscar a Leticia!
—¿A buscar a Leticia? —Damián frunció el ceño. ¿Por qué demonios venía a buscar a Leticia hasta ahí arriba?
Aarón se apresuró a explicar:
—Pinche guardia, ¿ya escuchaste? ¡El presidente dijo que no te atrevas a detenerme, ¿te quedó claro?! —Aarón volvió a inflar el pecho con arrogancia.
—Está bien, está bien, no te voy a detener. Pero la presidenta sigue en una junta, y te sugiero que no la interrumpas. ¡Siéntate a esperar!
—¡Hmp! —Aarón soltó un bufido—. Pues espero.
Zacarías no pudo evitar burlarse una vez más:
—En un rato vas a querer morirte.
—¿Qué tratas de decir?
—Nada. —Zacarías decidió guardar silencio.
Aarón tenía muchísima confianza en sí mismo. Durante el último mes se había esmerado en consentir a Leticia a más no poder. Ella jamás lo dejaría.
Por fin, la puerta de la sala de juntas se abrió. Mónica salió de ahí, seguida por un numeroso grupo de altos ejecutivos.

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